Sin barniz a la opaca mañana
lejana llegabas arrastrando la noche;
sentí la distancia a la luna,
un paso.
Ante tu semblante como sol bajo de otoño,
en soledad, mis hojas cayeron.
Y me fui yo más lejos,
porque gaviotas en el mar no vi.
Pero al verte de nuevo abriendo tus pétalos,
mis alas tragaron el aire,
y a la mirada vestida unido volé.
Sofocado en mi alma el relámpago,
otra vez te quise.