Samuel17993
Poeta que considera el portal su segunda casa
La Habitación del Hospital
15/05/2011
Ella dormitaba sobre la cama del hospital, de finas sabanas –no ricas, más bien pobres. La cubrían nimiamente. Su respiración era normal como si pasara nada en ese cuarto pintado todo de blanco en que se hundían un montón de sombras, como si el aire a enfermedad y comida rancia no estuviera, cómo si no la pasara nada, aunque se fuera a morir.
De pronto, ante tal situación, sentí que no podía más. ¡No podía más! ¡Todo a la mierda! ¡Ella se moría! Y yo… no podía más que… mirar cómo se la llevaba el guadañazo de la muerte y , todo, junto a ella, en forma de luz a alumbra el resto del mundo, se iba como un exprés que tuvo que irse hace tiempo.
Seguía inmóvil, ahí sentado. Intentaba leer un libro, pero ese aire necro me daba naúseas. El aura de aquel lugar sólo daba la impresión de muerte, el cuadro clínico era clarísimo al verlo pintado. Los ancianos eran paseados por los pasillos como ganado, ¡hala….! A morir, señor, vejete. Los niños recibían a los médicos con una sonrisa falsa de esas de alegría propia de quien la vida quiere comerse, pues no han visto su ojo negro, mientras que los médicos les dan a sus padres la hora de la defunción.
Me deslicé hasta su cama. Ella sonreía. ¿Qué soñaría? Su pelo olía, como siempre, a ese aroma floral que tanto amaba. ¡Joder, ¿por qué ella?! ¡Putos dados del azar! Quería gritar, tanto que, como si se tratase del canto del pueblo judío, derrumbase esa mierda de murallas del hospital. Pero algo me lo impedía. Posiblemente porque estaba concentrado en no llorar.
Yo estaba, ahí, tirado en los pies de su temporal alcoba. De pronto, sonó el sonido, que cómo el de un cuervo, anunciaba la trompeta del juicio final. No sé cómo pasó, pero se la llevaron ante mis ojos. Me quedé, allí, quieto, con la mirada perdida, sin poder hacer nada, impotente de no poder hacer nada, impotente de ser una hormiga de este mundo que es aplastada fácilmente. Y, entonces, una gota de sufrimiento callado se derramó por toda mi cara, y , tampoco, pude hacer nada para evitarlo, evitar ser humano.
El Asesinato
15/05/2011
La lucha por la vida
15/05/2011
Era una chica tan luchadora que al nacer sólo miró al médico y, cuando lo tuvo cerca, le dio, con todas sus diminutas fuerzas, en esa cara de funcionario estresado que tenía. Su pelo era negro, como la noche, al igual que las perlas de sus ojos, que, al estar iluminada por una idea brillante de las suyas, parecía el mar embravecido por la Luna.
Luchó tanto, tanto y con tantas ganas que no se dio cuenta que su vida se consumía por dentro. Todo era lucha, pelea y gritos hasta que no vio que su pobre corazón no podía más, que la pedía un freno. Y, en ese mismo momento, se la paró, para resucitar en el mismo hospital donde nació, y con un extraño médico amable que la miraba. Su corazón se volvió a parar, pero ella seguía respirando, y ,de pronto, su corazón latía con más fuerza que nunca. La lucha acaba cuando se encuentra la paz en algún lugar, sea cual sea, aunque sea en el lugar más extraño y loco de mundo, pero es el sitio donde se puede respirar, en paz.
Desde el alto
Miraba desde el alto. Veía el campo y a un montón de pinos que formaban un pequeño pinar. Desde la altura pudo verla a ella, que le sonreía. Quiso bajar, pero no pudo, pues la cuesta era muy dura. Se quiso levantar, pero se levantaba y volvía a caer. Se cansó y no hizo más. El cielo se cubrió, empezó a llover sobre su cabeza. Ella se fue con otro, que caminaba por el camino que tenía al lado, otro más afortunado que fue a acompañarla a caminar. 15/05/2011
La Sombra
15/05/2011
La Invasión
15/05/2011
Todo había empezado hace tiempo. Al principio, cuando veía la televisión oyendo a no sé qué estúpido personaje, de pronto, tuve pensamientos extraños e impropios de mí. Luego, enganchado a una de mis conversaciones, solté una carcajada de algo denigrante,sobre una pelea entre dos perros, trabajadores de una fábrica de un estafador empresario que, a diferencia del resto de Europa, desconocía que la felicidad de los trabajadores mejora el rendimiento.
Pero, un día, como otro cualquiera en mis viajes estúpidos, controlado por esa extraña mente externa a mí, me encontré con alguien: era una chica corriente, de esas que no parecen llamar la atención del resto del mundo viviente. Cuanto más tiempo con ella, más iba a mejor. Al principio, no lo noté, pero con el tiempo ese maldito parásito se fue yendo, no sé donde ni me importa. Podía pensar y hacer… ¡Era increíble, se fue! Me sentí vivo hasta que ella se fue lejos de mí, aunque la viera todos los días, queriéndola hablar, pero no sirvió para nada.
Creo que empezó de nuevo, otra vez, el bárbaro enemigo me ha parecido que ha entrado en mis limes (limites-fronteras) y no lo puedo evitar… ni quiero. Hasta que nos dejáramos de hablar ella y yo, era feliz y quería mi libertad y la disfrutaba, pero, ahora, nada es igual, soy infeliz y mi libertad es una tortura. En este momento, preferiría que volviera ese parasito a comerme mis ideas y me dirigiera, pues con él, por lo menos, no era infeliz, porque no pensaba.
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