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Relatos Kafkianos Parte II

Samuel17993

Poeta que considera el portal su segunda casa
La Habitación del Hospital
15/05/2011

Veía, por la ventana, cómo caía el agua, lentamente. Un inmenso cielo gris lloraba diminutas gotas difuminadas por el cielo plomizo. Mi corazón nervioso hacía raros ejercicios cardíacos de ahogo y de hacerse el muerto, tan bien que parecía huir de mi pecho o que si no estuviera y que tuviera que darle un golpe para reaccionar, porque no podía creerlo. No creía que todo eso estuviera pasando.

Ella dormitaba sobre la cama del hospital, de finas sabanas –no ricas, más bien pobres. La cubrían nimiamente. Su respiración era normal como si pasara nada en ese cuarto pintado todo de blanco en que se hundían un montón de sombras, como si el aire a enfermedad y comida rancia no estuviera, cómo si no la pasara nada, aunque se fuera a morir.

De pronto, ante tal situación, sentí que no podía más. ¡No podía más! ¡Todo a la mierda! ¡Ella se moría! Y yo… no podía más que… mirar cómo se la llevaba el guadañazo de la muerte y , todo, junto a ella, en forma de luz a alumbra el resto del mundo, se iba como un exprés que tuvo que irse hace tiempo.

Seguía inmóvil, ahí sentado. Intentaba leer un libro, pero ese aire necro me daba naúseas. El aura de aquel lugar sólo daba la impresión de muerte, el cuadro clínico era clarísimo al verlo pintado. Los ancianos eran paseados por los pasillos como ganado, ¡hala….! A morir, señor, vejete. Los niños recibían a los médicos con una sonrisa falsa de esas de alegría propia de quien la vida quiere comerse, pues no han visto su ojo negro, mientras que los médicos les dan a sus padres la hora de la defunción.

Me deslicé hasta su cama. Ella sonreía. ¿Qué soñaría? Su pelo olía, como siempre, a ese aroma floral que tanto amaba. ¡Joder, ¿por qué ella?! ¡Putos dados del azar! Quería gritar, tanto que, como si se tratase del canto del pueblo judío, derrumbase esa mierda de murallas del hospital. Pero algo me lo impedía. Posiblemente porque estaba concentrado en no llorar.

Yo estaba, ahí, tirado en los pies de su temporal alcoba. De pronto, sonó el sonido, que cómo el de un cuervo, anunciaba la trompeta del juicio final. No sé cómo pasó, pero se la llevaron ante mis ojos. Me quedé, allí, quieto, con la mirada perdida, sin poder hacer nada, impotente de no poder hacer nada, impotente de ser una hormiga de este mundo que es aplastada fácilmente. Y, entonces, una gota de sufrimiento callado se derramó por toda mi cara, y , tampoco, pude hacer nada para evitarlo, evitar ser humano.

El Asesinato
15/05/2011

Miraba su faz. Estaba feliz. No sabía de la triste ironía que se le cernía sobre él. Sus risotadas guturales sonaban hasta allí. Él la mató. No sintió nada y , aún así, aún sabiendo que fue él, aunque todos lo sabían, se salió de rositas, sin justicia por lo que hizo. Se dio cuenta de mi mirada fría; él se reía como un ganso, creyéndose superior, sintiéndose más poderoso, sintiéndose un Dios que me perdonaba y que podía hacer todo lo que deseara. Pero eso iba a cambiar. Mi cuchillo brillaba entre las parejas que bailaban al son de la música, yo me deslizaba sin que nadie me viera ni viera mi cuchillo. Y le clavé su afilado filo en su pecho. Repetí esto hasta que noté que su pulso se volvía frío, mientras que con la otra mano le cogía su cuello para que no cayera. Su sangre se desprendía, purificando el suelo lleno de mugre.

La lucha por la vida
15/05/2011

¿Su nombre? En esta historia no importa, es otro como cualquier otra persona; los nombres, los cuerpos y todo lo regido por las leyes biológicas desaparece, transformándose por las leyes químicas y llevándoselo a otro sitio por culpa de la Physis.

Era una chica tan luchadora que al nacer sólo miró al médico y, cuando lo tuvo cerca, le dio, con todas sus diminutas fuerzas, en esa cara de funcionario estresado que tenía. Su pelo era negro, como la noche, al igual que las perlas de sus ojos, que, al estar iluminada por una idea brillante de las suyas, parecía el mar embravecido por la Luna.

Luchó tanto, tanto y con tantas ganas que no se dio cuenta que su vida se consumía por dentro. Todo era lucha, pelea y gritos hasta que no vio que su pobre corazón no podía más, que la pedía un freno. Y, en ese mismo momento, se la paró, para resucitar en el mismo hospital donde nació, y con un extraño médico amable que la miraba. Su corazón se volvió a parar, pero ella seguía respirando, y ,de pronto, su corazón latía con más fuerza que nunca. La lucha acaba cuando se encuentra la paz en algún lugar, sea cual sea, aunque sea en el lugar más extraño y loco de mundo, pero es el sitio donde se puede respirar, en paz.

Desde el alto

15/05/2011

Miraba desde el alto. Veía el campo y a un montón de pinos que formaban un pequeño pinar. Desde la altura pudo verla a ella, que le sonreía. Quiso bajar, pero no pudo, pues la cuesta era muy dura. Se quiso levantar, pero se levantaba y volvía a caer. Se cansó y no hizo más. El cielo se cubrió, empezó a llover sobre su cabeza. Ella se fue con otro, que caminaba por el camino que tenía al lado, otro más afortunado que fue a acompañarla a caminar.

La Sombra
15/05/2011​
Me perseguía, me perseguía, estaba tan cerca… y yo corría… pero no servía para nada. Me tenía y no podía evitarlo. A la sombra se oía, ya sabía quién era. La sombra se difuminó, casi me inundó la luz. De pronto, de la oscuridad, salió ella y me abrazó. Sentí, como siempre, ese mareo estúpido.

La Invasión
15/05/2011

Me pasaba algo, no sabía el qué, pero algo pasaba; no era yo, ya no pensaba por mí, era como si alguien lo hiciera por mí, como si yo no fuera yo si no otro. El sujeto me hacía levantarme e irme hasta tal sitio y comprar no sé qué cosa o la otra para que, luego, la dejara, inútilmente, en algún rincón de mi casa.

Todo había empezado hace tiempo. Al principio, cuando veía la televisión oyendo a no sé qué estúpido personaje, de pronto, tuve pensamientos extraños e impropios de mí. Luego, enganchado a una de mis conversaciones, solté una carcajada de algo denigrante,sobre una pelea entre dos perros, trabajadores de una fábrica de un estafador empresario que, a diferencia del resto de Europa, desconocía que la felicidad de los trabajadores mejora el rendimiento.

Pero, un día, como otro cualquiera en mis viajes estúpidos, controlado por esa extraña mente externa a mí, me encontré con alguien: era una chica corriente, de esas que no parecen llamar la atención del resto del mundo viviente. Cuanto más tiempo con ella, más iba a mejor. Al principio, no lo noté, pero con el tiempo ese maldito parásito se fue yendo, no sé donde ni me importa. Podía pensar y hacer… ¡Era increíble, se fue! Me sentí vivo hasta que ella se fue lejos de mí, aunque la viera todos los días, queriéndola hablar, pero no sirvió para nada.

Creo que empezó de nuevo, otra vez, el bárbaro enemigo me ha parecido que ha entrado en mis limes (limites-fronteras) y no lo puedo evitar… ni quiero. Hasta que nos dejáramos de hablar ella y yo, era feliz y quería mi libertad y la disfrutaba, pero, ahora, nada es igual, soy infeliz y mi libertad es una tortura. En este momento, preferiría que volviera ese parasito a comerme mis ideas y me dirigiera, pues con él, por lo menos, no era infeliz, porque no pensaba.
 
Última edición:
Y yo, que veo más a Poe que a Kafka...
ese deseo de ver lo sucio del mundo, lo "pobre", los suburbios y el dolor del hombre, como si se hubiera todo, convertido en una forma de vida, en una religión...
Pero aun y con todo, eres magistral, al componer; tus maestros, han de estar contentos contigo...
Por otra, veo parte de la generación del ´27 en tí...
Gracias por compartir este montonazo de letras. Se hace bien la lectura.
 
No tengo palabras mas que decirte felicitaciones me has atrapado con tus relatos,sime dejan te estrello

hasta pronto
 
Bueno, es que Poe me gusta también, aunque son ,al final, lo mismo. Bueno, mis profesores... jeje... no, no te creas (suspendiendo a Latín e Ingles XD). Y sí, hay algo de influencia de Lorca o de los surrealista, pero no me gusta del todo....

Un saludo de Samuel, y gracias.
 
Mi querido Samuel me han encantado tus relatos. El primero lo resumo como "impotencia" ante lo que es imposible, no puede ser y además es imposible. La vida sigue su curso, tiene su principio y su final. El segundo relato me dice que a cada momento se están cometiendo asesinatos sin derramamiento de sangre, sino con derramamiento de ideas, que hay quien sabe hacerlas morir y al que las engendra a ellas. El tercer relato me sugiere que hay que luchar por todo aquello que se desea y se quiere. A veces hay que llegar a luchar por la propia dignidad. Si miras desde el alto, estarás a demasiada altura para llegar a tiempo y alcanzar a coger aquello que buscas y quieres, si bajas y estás a la misma altura puede que consigas algo. Generalmente nuestra sombra nos acompaña si hay luz, pero cuando no la hay cualquier sombra nos puede valer. Lo importante es sentirse acompaados, aunque sea por nuestra propia sombra. Más vale pensar por nosotros mismos que sentirnos invadidos. Me encantó leerte. Besos y estrellas, amigo poeta.

La Habitación del Hospital
15/05/2011

Veía, por la ventana, cómo caía el agua, lentamente. Un inmenso cielo gris lloraba diminutas gotas difuminadas por el cielo plomizo. Mi corazón nervioso hacía raros ejercicios cardíacos de ahogo y de hacerse el muerto, tan bien que parecía huir de mi pecho o que si no estuviera y que tuviera que darle un golpe para reaccionar, porque no podía creerlo. No creía que todo eso estuviera pasando.

Ella dormitaba sobre la cama del hospital, de finas sabanas –no ricas, más bien pobres. La cubrían nimiamente. Su respiración era normal como si pasara nada en ese cuarto pintado todo de blanco en que se hundían un montón de sombras, como si el aire a enfermedad y comida rancia no estuviera, cómo si no la pasara nada, aunque se fuera a morir.

De pronto, ante tal situación, sentí que no podía más. ¡No podía más! ¡Todo a la mierda! ¡Ella se moría! Y yo… no podía más que… mirar cómo se la llevaba el guadañazo de la muerte y , todo, junto a ella, en forma de luz a alumbra el resto del mundo, se iba como un exprés que tuvo que irse hace tiempo.

Seguía inmóvil, ahí sentado. Intentaba leer un libro, pero ese aire necro me daba naúseas. El aura de aquel lugar sólo daba la impresión de muerte, el cuadro clínico era clarísimo al verlo pintado. Los ancianos eran paseados por los pasillos como ganado, ¡hala….! A morir, señor, vejete. Los niños recibían a los médicos con una sonrisa falsa de esas de alegría propia de quien la vida quiere comerse, pues no han visto su ojo negro, mientras que los médicos les dan a sus padres la hora de la defunción.

Me deslicé hasta su cama. Ella sonreía. ¿Qué soñaría? Su pelo olía, como siempre, a ese aroma floral que tanto amaba. ¡Joder, ¿por qué ella?! ¡Putos dados del azar! Quería gritar, tanto que, como si se tratase del canto del pueblo judío, derrumbase esa mierda de murallas del hospital. Pero algo me lo impedía. Posiblemente porque estaba concentrado en no llorar.

Yo estaba, ahí, tirado en los pies de su temporal alcoba. De pronto, sonó el sonido, que cómo el de un cuervo, anunciaba la trompeta del juicio final. No sé cómo pasó, pero se la llevaron ante mis ojos. Me quedé, allí, quieto, con la mirada perdida, sin poder hacer nada, impotente de no poder hacer nada, impotente de ser una hormiga de este mundo que es aplastada fácilmente. Y, entonces, una gota de sufrimiento callado se derramó por toda mi cara, y , tampoco, pude hacer nada para evitarlo, evitar ser humano.

El Asesinato
15/05/2011

Miraba su faz. Estaba feliz. No sabía de la triste ironía que se le cernía sobre él. Sus risotadas guturales sonaban hasta allí. Él la mató. No sintió nada y , aún así, aún sabiendo que fue él, aunque todos lo sabían, se salió de rositas, sin justicia por lo que hizo. Se dio cuenta de mi mirada fría; él se reía como un ganso, creyéndose superior, sintiéndose más poderoso, sintiéndose un Dios que me perdonaba y que podía hacer todo lo que deseara. Pero eso iba a cambiar. Mi cuchillo brillaba entre las parejas que bailaban al son de la música, yo me deslizaba sin que nadie me viera ni viera mi cuchillo. Y le clavé su afilado filo en su pecho. Repetí esto hasta que noté que su pulso se volvía frío, mientras que con la otra mano le cogía su cuello para que no cayera. Su sangre se desprendía, purificando el suelo lleno de mugre.

La lucha por la vida
15/05/2011

¿Su nombre? En esta historia no importa, es otro como cualquier otra persona; los nombres, los cuerpos y todo lo regido por las leyes biológicas desaparece, transformándose por las leyes químicas y llevándoselo a otro sitio por culpa de la Physis.

Era una chica tan luchadora que al nacer sólo miró al médico y, cuando lo tuvo cerca, le dio, con todas sus diminutas fuerzas, en esa cara de funcionario estresado que tenía. Su pelo era negro, como la noche, al igual que las perlas de sus ojos, que, al estar iluminada por una idea brillante de las suyas, parecía el mar embravecido por la Luna.

Luchó tanto, tanto y con tantas ganas que no se dio cuenta que su vida se consumía por dentro. Todo era lucha, pelea y gritos hasta que no vio que su pobre corazón no podía más, que la pedía un freno. Y, en ese mismo momento, se la paró, para resucitar en el mismo hospital donde nació, y con un extraño médico amable que la miraba. Su corazón se volvió a parar, pero ella seguía respirando, y ,de pronto, su corazón latía con más fuerza que nunca. La lucha acaba cuando se encuentra la paz en algún lugar, sea cual sea, aunque sea en el lugar más extraño y loco de mundo, pero es el sitio donde se puede respirar, en paz.

Desde el alto

15/05/2011

Miraba desde el alto. Veía el campo y a un montón de pinos que formaban un pequeño pinar. Desde la altura pudo verla a ella, que le sonreía. Quiso bajar, pero no pudo, pues la cuesta era muy dura. Se quiso levantar, pero se levantaba y volvía a caer. Se cansó y no hizo más. El cielo se cubrió, empezó a llover sobre su cabeza. Ella se fue con otro, que caminaba por el camino que tenía al lado, otro más afortunado que fue a acompañarla a caminar.

La Sombra
15/05/2011​
Me perseguía, me perseguía, estaba tan cerca… y yo corría… pero no servía para nada. Me tenía y no podía evitarlo. A la sombra se oía, ya sabía quién era. La sombra se difuminó, casi me inundó la luz. De pronto, de la oscuridad, salió ella y me abrazó. Sentí, como siempre, ese mareo estúpido.

La Invasión
15/05/2011

Me pasaba algo, sabía el qué, pero algo pasaba; no era yo, ya no pensaba por mí, era como si alguien lo hiciera por mí, como si yo no fuera yo si no otro. El sujeto me hacía levantarme e irme hasta tal sitio y comprar no sé qué cosa o la otra para que, luego, la dejara, inútilmente, en algún rincón de mi casa.

Todo había empezado hace tiempo. Al principio, cuando veía la televisión oyendo a no sé qué estúpido personaje, de pronto, tuve extraños e impropios de mí. Luego, engendrando a una de mis conversaciones, solté una carcajada de algo denigrante, una pelea entre dos perros, trabajadores de una fábrica de un estafador empresario que, a diferencia del resto de Europa, desconocía que la felicidad de los trabajadores mejora el rendimiento.

Pero, un día, como otro cualquiera en mis viajes estúpidos, controlado por esa extraña mente externa a mí, me encontré con alguien: era una chica corriente, de esas que no parecen llamar la atención del resto del mundo viviente. Cuanto más tiempo con ella, más iba a mejor. Al principio, no lo noté, pero con el tiempo ese maldito parásito se fue yendo, no sé donde ni me importa. Podía pensar y hacer… ¡Era increíble, se fue! Me sentí vivo hasta que ella se fue lejos de mí, aunque la viera todos los días, queriéndola hablar, pero no sirvió para nada.

Creo que empezó de nuevo, otra vez, el bárbaro enemigo me ha parecido que ha entrado en mis limes (limites-fronteras) y no lo puedo evitar… ni quiero. Hasta que nos dejáramos de hablar ella y yo, era feliz y quería mi libertad y la disfrutaba, pero, ahora, nada es igual, soy infeliz y mi libertad es una tortura. En este momento, preferiría que volviera ese parásito a comerme mis ideas y me dirigiera, pues con él, por lo menos, no era infeliz, porque no pensaba.
 
Hola Samuel,he leído tus interesantes relatos,me impactó "El asesinato",no hace falta que te explique por qué,
En tu primer relato veo impotencia,en el segundo ira,en el tercero fuerza,en el cuarto falta de coraje,en el quinto confusión,y en el último debilidad emocional,
en conjunto has creado seis interesante relatos recreando distintas situaciones y la reacción emocional que conlleva cada una de ellas.
Un gusto psar por tu obra,amigo Samuel.
 
Mi querido Samuel me han encantado tus relatos. El primero lo resumo como "impotencia" ante lo que es imposible, no puede ser y además es imposible. La vida sigue su curso, tiene su principio y su final. El segundo relato me dice que a cada momento se están cometiendo asesinatos sin derramamiento de sangre, sino con derramamiento de ideas, que hay quien sabe hacerlas morir y al que las engendra a ellas. El tercer relato me sugiere que hay que luchar por todo aquello que se desea y se quiere. A veces hay que llegar a luchar por la propia dignidad. Si miras desde el alto, estarás a demasiada altura para llegar a tiempo y alcanzar a coger aquello que buscas y quieres, si bajas y estás a la misma altura puede que consigas algo. Generalmente nuestra sombra nos acompaña si hay luz, pero cuando no la hay cualquier sombra nos puede valer. Lo importante es sentirse acompañados, aunque sea por nuestra propia sombra. Más vale pensar por nosotros mismos que sentirnos invadidos. Me encantó leerte. Besos y estrellas, amigo poeta.

Lo has clavado medianamente... excepto el segundo, el segundo es sobre la falta de justicia de un despota que huye de la justicia tirana de la tiranía, pero él, que le mato a quien quería (esto está medio omitido pq quería expresar rapidez), hace justicia de manera incorrecta pero que sin ella: ¿Qué quedaría más que "un cabrón" suelto creyéndose más que nadie y que mataría? El tercero refleja la visión actual de toda mujer trabajadora (como de hombre, pero, además de rara y admirable, que veo y veo como se les va la vida, además de ser "marginadas" o "rarificadas") que su vida sentimental es una mierda, así de claro, alguien sin vida más que robótica.... Y el último la alienación robótica (otra vez) sin vida y que se parece resolver por algo que choca con su rutina (el amor) y que al perder ese choque (dolor amorosos) crea un dolor existencial filosófico.

Gracias lomafresquita, siempre hay para comentarme, muchas gracias. Un saludo de Samuel.
 
Hola Samuel,he leído tus interesantes relatos,me impactó "El asesinato",no hace falta que te explique por qué,
En tu primer relato veo impotencia,en el segundo ira,en el tercero fuerza,en el cuarto falta de coraje,en el quinto confusión,y en el último debilidad emocional,
en conjunto has creado seis interesante relatos recreando distintas situaciones y la reacción emocional que conlleva cada una de ellas.
Un gusto psar por tu obra,amigo Samuel.

Sí, justo lo que has dicho.
Muchas gracias, Marina.
Un saludo de Samuel.
 
La Habitación del Hospital

15/05/2011

Veía, por la ventana, cómo caía el agua, lentamente. Un inmenso cielo gris lloraba diminutas gotas difuminadas por el cielo plomizo. Mi corazón nervioso hacía raros ejercicios cardíacos de ahogo y de hacerse el muerto, tan bien que parecía huir de mi pecho o que si no estuviera y que tuviera que darle un golpe para reaccionar, porque no podía creerlo. No creía que todo eso estuviera pasando.

Ella dormitaba sobre la cama del hospital, de finas sabanas –no ricas, más bien pobres. La cubrían nimiamente. Su respiración era normal como si pasara nada en ese cuarto pintado todo de blanco en que se hundían un montón de sombras, como si el aire a enfermedad y comida rancia no estuviera, cómo si no la pasara nada, aunque se fuera a morir.

De pronto, ante tal situación, sentí que no podía más. ¡No podía más! ¡Todo a la mierda! ¡Ella se moría! Y yo… no podía más que… mirar cómo se la llevaba el guadañazo de la muerte y , todo, junto a ella, en forma de luz a alumbra el resto del mundo, se iba como un exprés que tuvo que irse hace tiempo.

Seguía inmóvil, ahí sentado. Intentaba leer un libro, pero ese aire necro me daba naúseas. El aura de aquel lugar sólo daba la impresión de muerte, el cuadro clínico era clarísimo al verlo pintado. Los ancianos eran paseados por los pasillos como ganado, ¡hala….! A morir, señor, vejete. Los niños recibían a los médicos con una sonrisa falsa de esas de alegría propia de quien la vida quiere comerse, pues no han visto su ojo negro, mientras que los médicos les dan a sus padres la hora de la defunción.

Me deslicé hasta su cama. Ella sonreía. ¿Qué soñaría? Su pelo olía, como siempre, a ese aroma floral que tanto amaba. ¡Joder, ¿por qué ella?! ¡Putos dados del azar! Quería gritar, tanto que, como si se tratase del canto del pueblo judío, derrumbase esa mierda de murallas del hospital. Pero algo me lo impedía. Posiblemente porque estaba concentrado en no llorar.

Yo estaba, ahí, tirado en los pies de su temporal alcoba. De pronto, sonó el sonido, que cómo el de un cuervo, anunciaba la trompeta del juicio final. No sé cómo pasó, pero se la llevaron ante mis ojos. Me quedé, allí, quieto, con la mirada perdida, sin poder hacer nada, impotente de no poder hacer nada, impotente de ser una hormiga de este mundo que es aplastada fácilmente. Y, entonces, una gota de sufrimiento callado se derramó por toda mi cara, y , tampoco, pude hacer nada para evitarlo, evitar ser humano.

El Asesinato

15/05/2011

Miraba su faz. Estaba feliz. No sabía de la triste ironía que se le cernía sobre él. Sus risotadas guturales sonaban hasta allí. Él la mató. No sintió nada y , aún así, aún sabiendo que fue él, aunque todos lo sabían, se salió de rositas, sin justicia por lo que hizo. Se dio cuenta de mi mirada fría; él se reía como un ganso, creyéndose superior, sintiéndose más poderoso, sintiéndose un Dios que me perdonaba y que podía hacer todo lo que deseara. Pero eso iba a cambiar. Mi cuchillo brillaba entre las parejas que bailaban al son de la música, yo me deslizaba sin que nadie me viera ni viera mi cuchillo. Y le clavé su afilado filo en su pecho. Repetí esto hasta que noté que su pulso se volvía frío, mientras que con la otra mano le cogía su cuello para que no cayera. Su sangre se desprendía, purificando el suelo lleno de mugre.

La lucha por la vida

15/05/2011

¿Su nombre? En esta historia no importa, es otro como cualquier otra persona; los nombres, los cuerpos y todo lo regido por las leyes biológicas desaparece, transformándose por las leyes químicas y llevándoselo a otro sitio por culpa de la Physis.

Era una chica tan luchadora que al nacer sólo miró al médico y, cuando lo tuvo cerca, le dio, con todas sus diminutas fuerzas, en esa cara de funcionario estresado que tenía. Su pelo era negro, como la noche, al igual que las perlas de sus ojos, que, al estar iluminada por una idea brillante de las suyas, parecía el mar embravecido por la Luna.

Luchó tanto, tanto y con tantas ganas que no se dio cuenta que su vida se consumía por dentro. Todo era lucha, pelea y gritos hasta que no vio que su pobre corazón no podía más, que la pedía un freno. Y, en ese mismo momento, se la paró, para resucitar en el mismo hospital donde nació, y con un extraño médico amable que la miraba. Su corazón se volvió a parar, pero ella seguía respirando, y ,de pronto, su corazón latía con más fuerza que nunca. La lucha acaba cuando se encuentra la paz en algún lugar, sea cual sea, aunque sea en el lugar más extraño y loco de mundo, pero es el sitio donde se puede respirar, en paz.

Desde el alto

15/05/2011

Miraba desde el alto. Veía el campo y a un montón de pinos que formaban un pequeño pinar. Desde la altura pudo verla a ella, que le sonreía. Quiso bajar, pero no pudo, pues la cuesta era muy dura. Se quiso levantar, pero se levantaba y volvía a caer. Se cansó y no hizo más. El cielo se cubrió, empezó a llover sobre su cabeza. Ella se fue con otro, que caminaba por el camino que tenía al lado, otro más afortunado que fue a acompañarla a caminar.

La Sombra

15/05/2011​
Me perseguía, me perseguía, estaba tan cerca… y yo corría… pero no servía para nada. Me tenía y no podía evitarlo. A la sombra se oía, ya sabía quién era. La sombra se difuminó, casi me inundó la luz. De pronto, de la oscuridad, salió ella y me abrazó. Sentí, como siempre, ese mareo estúpido.

La Invasión

15/05/2011

Me pasaba algo, sabía el qué, pero algo pasaba; no era yo, ya no pensaba por mí, era como si alguien lo hiciera por mí, como si yo no fuera yo si no otro. El sujeto me hacía levantarme e irme hasta tal sitio y comprar no sé qué cosa o la otra para que, luego, la dejara, inútilmente, en algún rincón de mi casa.

Todo había empezado hace tiempo. Al principio, cuando veía la televisión oyendo a no sé qué estúpido personaje, de pronto, tuve extraños e impropios de mí. Luego, engendrando a una de mis conversaciones, solté una carcajada de algo denigrante, una pelea entre dos perros, trabajadores de una fábrica de un estafador empresario que, a diferencia del resto de Europa, desconocía que la felicidad de los trabajadores mejora el rendimiento.

Pero, un día, como otro cualquiera en mis viajes estúpidos, controlado por esa extraña mente externa a mí, me encontré con alguien: era una chica corriente, de esas que no parecen llamar la atención del resto del mundo viviente. Cuanto más tiempo con ella, más iba a mejor. Al principio, no lo noté, pero con el tiempo ese maldito parásito se fue yendo, no sé donde ni me importa. Podía pensar y hacer… ¡Era increíble, se fue! Me sentí vivo hasta que ella se fue lejos de mí, aunque la viera todos los días, queriéndola hablar, pero no sirvió para nada.

Creo que empezó de nuevo, otra vez, el bárbaro enemigo me ha parecido que ha entrado en mis limes (limites-fronteras) y no lo puedo evitar… ni quiero. Hasta que nos dejáramos de hablar ella y yo, era feliz y quería mi libertad y la disfrutaba, pero, ahora, nada es igual, soy infeliz y mi libertad es una tortura. En este momento, preferiría que volviera ese parásito a comerme mis ideas y me dirigiera, pues con él, por lo menos, no era infeliz, porque no pensaba.

Extraños tus cortos, muy desgarradores, me hicieron algunos impresionarme mucho. No es el tipo de escritos que leo, sin embargo son interesantes y bien expresados. Un abrazo y mil besos.
 
Percibo una mezcla de Poe y Kafka, excelentes relatos, muy bien concebidos, buena técnica, y con un variado recurso lingüístico. te felicito Samuel, buen trabajo. Saludos y estrellas. Besos con cariño.
 
Querido Samuel no soy experta en la materia y aunque me gusta mucho leer prosa la narrativa no es lo mio a la hora de escribir
te siento màs influenciado por Poe que por Kafka o serà que yo he leido muy poco al segundo, me gustan mucho tu prosa porque son atrapantes y convincentes y con situaciones subrrealistas pero reales, sabes controlar las situaciones y desarrollarlas me parecen muy buenos, mis estrellas.
 
La Habitación del Hospital
15/05/2011

Veía, por la ventana, cómo caía el agua, lentamente. Un inmenso cielo gris lloraba diminutas gotas difuminadas por el cielo plomizo. Mi corazón nervioso hacía raros ejercicios cardíacos de ahogo y de hacerse el muerto, tan bien que parecía huir de mi pecho o que si no estuviera y que tuviera que darle un golpe para reaccionar, porque no podía creerlo. No creía que todo eso estuviera pasando.

Ella dormitaba sobre la cama del hospital, de finas sabanas –no ricas, más bien pobres. La cubrían nimiamente. Su respiración era normal como si pasara nada en ese cuarto pintado todo de blanco en que se hundían un montón de sombras, como si el aire a enfermedad y comida rancia no estuviera, cómo si no la pasara nada, aunque se fuera a morir.

De pronto, ante tal situación, sentí que no podía más. ¡No podía más! ¡Todo a la mierda! ¡Ella se moría! Y yo… no podía más que… mirar cómo se la llevaba el guadañazo de la muerte y , todo, junto a ella, en forma de luz a alumbra el resto del mundo, se iba como un exprés que tuvo que irse hace tiempo.

Seguía inmóvil, ahí sentado. Intentaba leer un libro, pero ese aire necro me daba naúseas. El aura de aquel lugar sólo daba la impresión de muerte, el cuadro clínico era clarísimo al verlo pintado. Los ancianos eran paseados por los pasillos como ganado, ¡hala….! A morir, señor, vejete. Los niños recibían a los médicos con una sonrisa falsa de esas de alegría propia de quien la vida quiere comerse, pues no han visto su ojo negro, mientras que los médicos les dan a sus padres la hora de la defunción.

Me deslicé hasta su cama. Ella sonreía. ¿Qué soñaría? Su pelo olía, como siempre, a ese aroma floral que tanto amaba. ¡Joder, ¿por qué ella?! ¡Putos dados del azar! Quería gritar, tanto que, como si se tratase del canto del pueblo judío, derrumbase esa mierda de murallas del hospital. Pero algo me lo impedía. Posiblemente porque estaba concentrado en no llorar.

Yo estaba, ahí, tirado en los pies de su temporal alcoba. De pronto, sonó el sonido, que cómo el de un cuervo, anunciaba la trompeta del juicio final. No sé cómo pasó, pero se la llevaron ante mis ojos. Me quedé, allí, quieto, con la mirada perdida, sin poder hacer nada, impotente de no poder hacer nada, impotente de ser una hormiga de este mundo que es aplastada fácilmente. Y, entonces, una gota de sufrimiento callado se derramó por toda mi cara, y , tampoco, pude hacer nada para evitarlo, evitar ser humano.

El Asesinato
15/05/2011

Miraba su faz. Estaba feliz. No sabía de la triste ironía que se le cernía sobre él. Sus risotadas guturales sonaban hasta allí. Él la mató. No sintió nada y , aún así, aún sabiendo que fue él, aunque todos lo sabían, se salió de rositas, sin justicia por lo que hizo. Se dio cuenta de mi mirada fría; él se reía como un ganso, creyéndose superior, sintiéndose más poderoso, sintiéndose un Dios que me perdonaba y que podía hacer todo lo que deseara. Pero eso iba a cambiar. Mi cuchillo brillaba entre las parejas que bailaban al son de la música, yo me deslizaba sin que nadie me viera ni viera mi cuchillo. Y le clavé su afilado filo en su pecho. Repetí esto hasta que noté que su pulso se volvía frío, mientras que con la otra mano le cogía su cuello para que no cayera. Su sangre se desprendía, purificando el suelo lleno de mugre.

La lucha por la vida
15/05/2011

¿Su nombre? En esta historia no importa, es otro como cualquier otra persona; los nombres, los cuerpos y todo lo regido por las leyes biológicas desaparece, transformándose por las leyes químicas y llevándoselo a otro sitio por culpa de la Physis.

Era una chica tan luchadora que al nacer sólo miró al médico y, cuando lo tuvo cerca, le dio, con todas sus diminutas fuerzas, en esa cara de funcionario estresado que tenía. Su pelo era negro, como la noche, al igual que las perlas de sus ojos, que, al estar iluminada por una idea brillante de las suyas, parecía el mar embravecido por la Luna.

Luchó tanto, tanto y con tantas ganas que no se dio cuenta que su vida se consumía por dentro. Todo era lucha, pelea y gritos hasta que no vio que su pobre corazón no podía más, que la pedía un freno. Y, en ese mismo momento, se la paró, para resucitar en el mismo hospital donde nació, y con un extraño médico amable que la miraba. Su corazón se volvió a parar, pero ella seguía respirando, y ,de pronto, su corazón latía con más fuerza que nunca. La lucha acaba cuando se encuentra la paz en algún lugar, sea cual sea, aunque sea en el lugar más extraño y loco de mundo, pero es el sitio donde se puede respirar, en paz.

Desde el alto

15/05/2011

Miraba desde el alto. Veía el campo y a un montón de pinos que formaban un pequeño pinar. Desde la altura pudo verla a ella, que le sonreía. Quiso bajar, pero no pudo, pues la cuesta era muy dura. Se quiso levantar, pero se levantaba y volvía a caer. Se cansó y no hizo más. El cielo se cubrió, empezó a llover sobre su cabeza. Ella se fue con otro, que caminaba por el camino que tenía al lado, otro más afortunado que fue a acompañarla a caminar.

La Sombra
15/05/2011​
Me perseguía, me perseguía, estaba tan cerca… y yo corría… pero no servía para nada. Me tenía y no podía evitarlo. A la sombra se oía, ya sabía quién era. La sombra se difuminó, casi me inundó la luz. De pronto, de la oscuridad, salió ella y me abrazó. Sentí, como siempre, ese mareo estúpido.

La Invasión
15/05/2011

Me pasaba algo, sabía el qué, pero algo pasaba; no era yo, ya no pensaba por mí, era como si alguien lo hiciera por mí, como si yo no fuera yo si no otro. El sujeto me hacía levantarme e irme hasta tal sitio y comprar no sé qué cosa o la otra para que, luego, la dejara, inútilmente, en algún rincón de mi casa.

Todo había empezado hace tiempo. Al principio, cuando veía la televisión oyendo a no sé qué estúpido personaje, de pronto, tuve extraños e impropios de mí. Luego, engendrando a una de mis conversaciones, solté una carcajada de algo denigrante, una pelea entre dos perros, trabajadores de una fábrica de un estafador empresario que, a diferencia del resto de Europa, desconocía que la felicidad de los trabajadores mejora el rendimiento.

Pero, un día, como otro cualquiera en mis viajes estúpidos, controlado por esa extraña mente externa a mí, me encontré con alguien: era una chica corriente, de esas que no parecen llamar la atención del resto del mundo viviente. Cuanto más tiempo con ella, más iba a mejor. Al principio, no lo noté, pero con el tiempo ese maldito parásito se fue yendo, no sé donde ni me importa. Podía pensar y hacer… ¡Era increíble, se fue! Me sentí vivo hasta que ella se fue lejos de mí, aunque la viera todos los días, queriéndola hablar, pero no sirvió para nada.

Creo que empezó de nuevo, otra vez, el bárbaro enemigo me ha parecido que ha entrado en mis limes (limites-fronteras) y no lo puedo evitar… ni quiero. Hasta que nos dejáramos de hablar ella y yo, era feliz y quería mi libertad y la disfrutaba, pero, ahora, nada es igual, soy infeliz y mi libertad es una tortura. En este momento, preferiría que volviera ese parásito a comerme mis ideas y me dirigiera, pues con él, por lo menos, no era infeliz, porque no pensaba.



Te diré la verdad
para mí es mucho el leer varios cuentos de una sola
porque no les prestaría la atención debida
por ello los voy a imprimir y a leerlos con calma
en la tranquilidad de la noche.
Quiero que sepas que admiro tu pluma
y que creo que debes continuar por estos senderos
que seguramente te esperan los frutos merecidos más adelante...
Estrellas y cariños
Ana
 
Querido Samuel no soy experta en la materia y aunque me gusta mucho leer prosa la narrativa no es lo mio a la hora de escribir
te siento màs influenciado por Poe que por Kafka o serà que yo he leido muy poco al segundo, me gustan mucho tu prosa porque son atrapantes y convincentes y con situaciones subrrealistas pero reales, sabes controlar las situaciones y desarrollarlas me parecen muy buenos, mis estrellas.

Gracias Ranula, bueno más que Poe, no sé, es verdad que lo "kafkianos" era por llamarlo al principio, cada vez más, parecen una mezcla extraña...

Un saludo de Samuel.
 
Samuel,

escribes profilicamente y muy bien... me gustaron tu relatos llenos de ideas escondidas e interesantes.

Ese relato de la invasión es muy interesante... es una mezcla de doble personalidad y renuncia casi total a pensar por si mismo, por ejercer el control sobre su vida. Ese señor del relato posiblemente solo quiere sentir las cosas bonitas y ahi si piensa el, pero cuando le toca sufrir vuelve a ser el "otro" ese que le permite seguir siendo una máquina que no piensa y solo se mueve por contumbre.

El de la habitación del hospital me gustó el final poetico que le diste al hecho de llorar.... y evitar ser humano... guaoooo, no se puede evitar, solo vivir.

Samuelito, mi niño de ideas grandes. Gracias por escribir y un abrazo fraterno a tu corazón. Osa.
 
De verdad tienes 17????!!!! Me has dejado muda de admiración, es como estar leyendo las grandes obras de los grandes maestros, a los que ya te has colado sin pase ni pago. Mi admiración para tí Amigo Samuel, y vuelvo a leer...
 
De verdad tienes 17????!!!! Me has dejado muda de admiración, es como estar leyendo las grandes obras de los grandes maestros, a los que ya te has colado sin pase ni pago. Mi admiración para tí Amigo Samuel, y vuelvo a leer...

Gracias por los halagos... Sí, tengo 17 años,aunque en los estudios no soy tan grande como me comparas, suspendo dos asignaturas: Ingles de 1 y 2 de bachiller y Latín. Jaja, a todos les sorprende mi edad XD. Bueno me gusta la lectura desde pequeño junto a la Historia, a lo que optaré en la Universidad, si puede ser este mismo año aunque puede ser que sea difícil...

Un saludo de Samuel.
 
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