Remolinos de piel,
huracán de plumas blancas.
Tempestad, oleaje de sábanas si te enredas en mi boca otra vez.
Remembranza moldeable por el resentimiento si no fuera por el aroma tuyo
que aun impregna mis camisas.
Ya no atiendo a razones,
ni necesito café para dibujarte en el desvelo.
No existe nadie en el mundo nada más que tú,
y yo... en el hemisferio opuesto a la misma distancia del ecuador,
tu en verano, yo en invierno,
espalda con espalda, presuntuosos,
emprendimos aquel duelo,
contando los pies para darnos la vuelta,
-sin saber si te vería a la de cien-
no quise girarme antes.
Desenfundamos en el reproche,
y nos separaba un mar.
Ya no querias disparar,
-yo tire el arma en la cuenta-
a sabiendas sin recordar por qué,
el motivo.
Desnudo, con los brazos en cruz desde la otra orilla.
Tardías mis intenciones de que sientas mis señales de humo alentando
el resurgimiento del escalofrío
cual ave fenix
desde el fuego que fue de ambos y de ninguno.
Comprendi
que la distancia más corta entre dos egos no es la linea recta,
ni desmembrar margaritas infinitas sin caricias.
Me desgañite gritando entonces
dentro de una botella que te quiero,
que siempre te quise...
la tape con un beso y la solte en este oceano de corrientes azarosas
fluctuante el deseo... y solo se abrirá en tus labios si te encuentra alguna ola
trasnochando en el suspiro.
Remolinos de piel
huracán de plumas blancas en mi cama si de enredas de nuevo en mi boca.
(Mensaje en una botella)
huracán de plumas blancas.
Tempestad, oleaje de sábanas si te enredas en mi boca otra vez.
Remembranza moldeable por el resentimiento si no fuera por el aroma tuyo
que aun impregna mis camisas.
Ya no atiendo a razones,
ni necesito café para dibujarte en el desvelo.
No existe nadie en el mundo nada más que tú,
y yo... en el hemisferio opuesto a la misma distancia del ecuador,
tu en verano, yo en invierno,
espalda con espalda, presuntuosos,
emprendimos aquel duelo,
contando los pies para darnos la vuelta,
-sin saber si te vería a la de cien-
no quise girarme antes.
Desenfundamos en el reproche,
y nos separaba un mar.
Ya no querias disparar,
-yo tire el arma en la cuenta-
a sabiendas sin recordar por qué,
el motivo.
Desnudo, con los brazos en cruz desde la otra orilla.
Tardías mis intenciones de que sientas mis señales de humo alentando
el resurgimiento del escalofrío
cual ave fenix
desde el fuego que fue de ambos y de ninguno.
Comprendi
que la distancia más corta entre dos egos no es la linea recta,
ni desmembrar margaritas infinitas sin caricias.
Me desgañite gritando entonces
dentro de una botella que te quiero,
que siempre te quise...
la tape con un beso y la solte en este oceano de corrientes azarosas
fluctuante el deseo... y solo se abrirá en tus labios si te encuentra alguna ola
trasnochando en el suspiro.
Remolinos de piel
huracán de plumas blancas en mi cama si de enredas de nuevo en mi boca.
(Mensaje en una botella)
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