F. CABALLERO SÁNCHEZ
Poeta recién llegado
Remordimiento
La vida nos presenta diversas alternancias
conforme el crecimiento nos hace madurar.
Amamos muchas veces, y muchas sin constancias
de ser ni consecuentes ni siquiera ejemplar.
Por jugar aquel día, como un juego de amigo,
o quizás por porfía, que no es bueno ni honroso,
yo quería doblegar tu desprecio conmigo
y acabamos viviendo un romance grandioso.
Una cadena de oro que lucía tu cuello
junto con la medalla que tú colgabas de ella
yo la tuve en mis manos contemplando lo bello
del perfil de tu imagen. Yo no quise que aquella
deliciosa reliquia que me hablaba de ti
se guardara en mi pecho como un firme garante
de que tú me querías. No te dije que sí
por no estar tan seguro de mi rol como amante.
Como estoy bien seguro que tú piensas en mí
quiero que no te olvides, que aunque tú me querías
yo nunca fui consciente del amor que te di
ni siquiera consciente de lo que tú sentías.
Era entonces muy joven… y era, también, muy ruin.
Tú me diste pureza, yo te di mi pasión
la pasión de un instante de locura sin fin
que, a través de los años, sé que fue de evasión.
Quizás ya estés casada, y con místicos lazos.
Sé que no me merezco… ¡ni siquiera tu lloro!
Tampoco olvidaré que estuviste en mis brazos
solamente vestida… con tu cadena de oro.
La vida nos presenta diversas alternancias
conforme el crecimiento nos hace madurar.
Amamos muchas veces, y muchas sin constancias
de ser ni consecuentes ni siquiera ejemplar.
Por jugar aquel día, como un juego de amigo,
o quizás por porfía, que no es bueno ni honroso,
yo quería doblegar tu desprecio conmigo
y acabamos viviendo un romance grandioso.
Una cadena de oro que lucía tu cuello
junto con la medalla que tú colgabas de ella
yo la tuve en mis manos contemplando lo bello
del perfil de tu imagen. Yo no quise que aquella
deliciosa reliquia que me hablaba de ti
se guardara en mi pecho como un firme garante
de que tú me querías. No te dije que sí
por no estar tan seguro de mi rol como amante.
Como estoy bien seguro que tú piensas en mí
quiero que no te olvides, que aunque tú me querías
yo nunca fui consciente del amor que te di
ni siquiera consciente de lo que tú sentías.
Era entonces muy joven… y era, también, muy ruin.
Tú me diste pureza, yo te di mi pasión
la pasión de un instante de locura sin fin
que, a través de los años, sé que fue de evasión.
Quizás ya estés casada, y con místicos lazos.
Sé que no me merezco… ¡ni siquiera tu lloro!
Tampoco olvidaré que estuviste en mis brazos
solamente vestida… con tu cadena de oro.
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