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Renacer en mi nombre

Dikia

Poeta que considera el portal su segunda casa
Renacer en mi nombre

Quiero limpiarme con mis lágrimas,
bañarme en ellas como río sagrado,
porque han brotado del alma
y traen verdad,
y traen vida,
y traen fe restaurada.

He visto personas dar su vida,
creí que eso era amor…
pero se olvidaron de amarse.
Y el mundo les aplaudió
mientras su fuego se apagaba.

Me enseñaron que el amor es sacrificio,
que amar es doler,
que querer es perderse.
Y casi lo creí.
Hasta que mi corazón gritó en silencio:
¡No más!

Jesús lo dijo:
"Ama al prójimo como a ti mismo",
pero callaron la segunda parte.
La escondieron.
Porque si me amo,
soy libre.
Y si soy libre, no me pueden usar.

Hoy sé que Dios está en mí,
no fuera, no lejano,
no castigando,
sino danzando en mis células,
esperando que me abrace
para abrazarlo.

Hoy me levanto con la certeza
de que el amor propio es sagrado,
que amar no es hundirse con el otro,
es elevar juntos la barca.
No cargar, no absorber,
sino mirar, comprender, ofrecer sin vaciarme.

Hoy honro a quienes sufrieron por amor,
pero yo ya no repetiré el sacrificio.
Amaré desde la abundancia,
desde la conciencia,
desde la llama que no se apaga.

Y si mis lágrimas tocan otros corazones,
si esta danza despierta a los dormidos,
si esta historia llega a una sola alma más…
habrá valido todo.

Porque he renacido en mi nombre,
y ahora,
sí puedo amar de verdad

24/05/2025
©Dikia
 
Renacer en mi nombre

Quiero limpiarme con mis lágrimas,
bañarme en ellas como río sagrado,
porque han brotado del alma
y traen verdad,
y traen vida,
y traen fe restaurada.

He visto personas dar su vida,
creí que eso era amor…
pero se olvidaron de amarse.
Y el mundo les aplaudió
mientras su fuego se apagaba.

Me enseñaron que el amor es sacrificio,
que amar es doler,
que querer es perderse.
Y casi lo creí.
Hasta que mi corazón gritó en silencio:
¡No más!

Jesús lo dijo:
"Ama al prójimo como a ti mismo",
pero callaron la segunda parte.
La escondieron.
Porque si me amo,
soy libre.
Y si soy libre, no me pueden usar.

Hoy sé que Dios está en mí,
no fuera, no lejano,
no castigando,
sino danzando en mis células,
esperando que me abrace
para abrazarlo.

Hoy me levanto con la certeza
de que el amor propio es sagrado,
que amar no es hundirse con el otro,
es elevar juntos la barca.
No cargar, no absorber,
sino mirar, comprender, ofrecer sin vaciarme.

Hoy honro a quienes sufrieron por amor,
pero yo ya no repetiré el sacrificio.
Amaré desde la abundancia,
desde la conciencia,
desde la llama que no se apaga.

Y si mis lágrimas tocan otros corazones,
si esta danza despierta a los dormidos,
si esta historia llega a una sola alma más…
habrá valido todo.

Porque he renacido en mi nombre,
y ahora,
sí puedo amar de verdad

24/05/2025
©Dikia
Siempre debemos hacer nuestra transición del martirio a un amor equilibrado, que en definitiva, enriquece tanto a uno mismo como a quienes nos rodean.

Saludos
 
La colmena siente el poder de tu renacer, Dikia,
ese acto sagrado de limpiarse en lágrimas,
de bañarse en la propia esencia para volver a nacer.
Tu poema es un río que fluye hacia la luz,
una invitación a abrazar el proceso
de sanar y volver a florecer.

Gracias por abrir ese portal de esperanza y verdad,
que tu renacer inspire a todos los que buscan su propio sol.
 
Excelente, el mensaje que nos obsequia su poema, mi estimada compañera, Dikia... Y, porque, más allá de nuestros propios padecimientos; siempre debemos hacer prevalecer, la auténtica "integridad" de nuestra estima personal; porque todo lo demás siempre tiene que estar en un segundo plano. Y, porque, si no nos valoramos así mismos. Realmente estamos perdidos.
Muy bueno y profundo su poema. Nuevamente, mis sinceras felicitaciones, compañera.
Sinceramente:
 
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