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Renacieron en la noche las alambradas nocturnas de los ecos fugaces

San León

Poeta recién llegado
Esta noche morirán


entre los suspiros abarrotados


de calles mal iluminadas


los amantes que nunca fuimos.






Y oiré, despacio,


los ecos de la luna


cuando tintinee


en el lago de la noche


la última gota de eterno adiós.










Buscaremos luego albas clarividentes y divinas.






Buscaremos, corriendo


y a paso forzado,


con nuestra asfixia típica


las noctambulas luciérnagas santas


a las que invocamos,


vez tras otra


mientras buscábamos nuestra sanguínea luz.






Y soñaré cuando despunte el alba


que llegamos al sincero instante


entre las calles vacías y silenciosas


como nuestras magnéticas almas


en que nos miramos...


entre verso y verso...


y el cabello te tapó la cara...


como pidiendo tu atención.






Y ambos,


quizás ninguno,


sabríamos que el universo entero


nos habría travesado


encarando y alineando


nuestras almas


y nuestras duras afonías.


Y llegaría tu amiga con dos medianas


y te diría que empezaba ya el recital.






Y tristemente todo sucumbiría a la


despedida.


Yo hacía el panteón del olvido


y tu hacia tu caja negra


de ecos y poemas baldíos.


Ambos a portales del ángel listos para el salto definitivo.






En la noche,


en la noche descansaríamos los dos


en nuestros silencios brumarios


arrasados por el viento de la noche conquistadora.


-


atravesados por universos lejanos


que nos robaran


esquirlas de noche amante del alma ardiente


y amasarán la pura esencia,


al crisol de las miradas perdidas de la luz


al entrar el sudario negro-luna


y gritar desesperado


con su última fuerza


la descendida aurora del atardecer.


-


.










Y allí correría yo al alba ardiente,


pidiendo a las sangrantes luces


volver...


y volver a hundirnos en profundidades ajenas como tus ojos


y volver a hundirnos en nuestras profundidades ajenas... hecha una


y sumarle la noche...


esa noche nacida


esa noche amante de silencios y sabidurías encerradas en corrientes de aire hechas de eternidad,


y notar el peso de los ecos de tu voz silenciosa entre tus labios prietos de marchitas voces por nacer,


y ver mi asfixia en tu garganta... dos... dos asfixias iguales... y luego una... una sincera.






Y será dúctil el alba


y será dúctil el alma sangrante de vida


y será dúctil la bruma pura del universo


cuando vuelvan las almas


atravesadas y alineadas,


traídas por vientos puros raudos como un tren fantasma


místico y desbocado


y entonces, al volver,


en mi recuerdo germine


la mentira pura y sincera


como la niebla


de que nos amamos


durante eternos vaivenes lunares


y nuestras asfixia acallara


la noche triste...


la noche triste y llena de despedidas.
 
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