Renacimiento

Antonio del Olmo

Poeta que considera el portal su segunda casa
RENACIMIENTO

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El sol comenzaba a descender tras una montaña situada en el borde de la playa. El anciano estaba tumbado sobre una hamaca, bajo una sombrilla. De pronto, escuchó la voz de un niño de cinco años:

– ¡Mamá, mira mi castillo!

El anciano giró la cabeza para ver al niño que construía un castillo de arena y deseó con todas sus fuerzas ser ese niño. Quería iniciar así una nueva vida. Comprendió que su personalidad se hallaba en su memoria, en los recuerdos acumulados durante 85 años, pero no le importó perderlos. Pensó que su deseo de vivir, el sentimiento más básico, era el mismo que sienten todas las personas, niños o mayores. Su deseo fue tan fuerte, tan fuerte, que se cumplió: murió plácidamente en ese momento, igual que dormía todas las noches.

En ese mismo instante, el niño dejó su juego y contempló al anciano, que seguía con los ojos abiertos, sin pestañear, “mirando” al castillo de arena. Un minuto después, salió corriendo hacia su madre mientras gritaba alborozado:

– ¡Mamá, mamá, mira! Ese señor se ha dormido con los ojos abiertos.

 

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El sol comenzaba a descender tras una montaña situada al borde de la playa. El anciano estaba tumbado sobre una hamaca, bajo una sombrilla. De pronto, escuchó la voz de un niño de cinco años:

- ¡Mamá, mira mi castillo!

El anciano giró la cabeza para ver al niño que construía un castillo de arena y deseó con todas sus fuerzas ser ese niño, quería reiniciar así una nueva vida. Comprendía que su personalidad se hallaba en su memoria, en los recuerdos acumulados durante 85 años, pero no le importó perderlos. Pensó que su deseo de vivir, el sentimiento más básico, era el mismo que sienten todas las personas: niños o mayores. Su deseo fue tan fuerte, tan fuerte, que se cumplió: murió en ese momento, del mismo modo que dormía todas las noches.

En ese preciso instante, el niño dejó su juego y contempló al anciano, que seguía con los ojos abiertos permanentemente mirando al castillo de arena. Un minuto después, salió corriendo hacia su madre mientras gritaba alborozado:

- ¡Mamá, mamá, mira! Ese señor se ha dormido con los ojos abiertos.
Sorprendente final, sabes captar la atención del lector y hacer que se sumerja en el relato para sentirlo en vivo y en directo. Me ha encantado amigo Antonio. Besos con cariño y admiración....muááááckssss...
 
RENACIMIENTO

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El sol comenzaba a descender tras una montaña situada al borde de la playa. El anciano estaba tumbado sobre una hamaca, bajo una sombrilla. De pronto, escuchó la voz de un niño de cinco años:

- ¡Mamá, mira mi castillo!

El anciano giró la cabeza para ver al niño que construía un castillo de arena y deseó con todas sus fuerzas ser ese niño, quería reiniciar así una nueva vida. Comprendía que su personalidad se hallaba en su memoria, en los recuerdos acumulados durante 85 años, pero no le importó perderlos. Pensó que su deseo de vivir, el sentimiento más básico, era el mismo que sienten todas las personas: niños o mayores. Su deseo fue tan fuerte, tan fuerte, que se cumplió: murió en ese momento, del mismo modo que dormía todas las noches.

En ese preciso instante, el niño dejó su juego y contempló al anciano, que seguía con los ojos abiertos permanentemente mirando al castillo de arena. Un minuto después, salió corriendo hacia su madre mientras gritaba alborozado:

- ¡Mamá, mamá, mira! Ese señor se ha dormido con los ojos abiertos.
Lo último que vio el anciano lo animó a probar su teoria del renacimiento. Saludos cordiales, Antonio.
 
Sorprendente final, sabes captar la atención del lector y hacer que se sumerja en el relato para sentirlo en vivo y en directo. Me ha encantado amigo Antonio. Besos con cariño y admiración....muááááckssss...

Gracias por tu amable comentario a este sencillo relato. Creo que la vida continúa siempre de algún modo.

Salud y ventura.
 
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Yo también lo creo amigo Antonio, más besos para ti, admirado y querido amigo....muááááácksss...
Creo sinceramente que nuestra existencia continúa, más allá de la muerte, en todo lo que amamos; puesto que somos todo lo que amamos, lo demás son impedimentos ajenos a nuestra voluntad. Esta frase no es una metáfora poética, es real. Es el egoísmo quién limita nuestra existencia al pequeño espacio que ocupa nuestro cuerpo y al efímero tiempo que dura nuestra vida.

Un abrazo.
 
Creo sinceramente que nuestra existencia continúa, más allá de la muerte, en todo lo que amamos; puesto que somos todo lo que amamos, lo demás son impedimentos ajenos a nuestra voluntad. Esta frase no es una metáfora poética, es real. Es el egoísmo quién limita nuestra existencia al pequeño espacio que ocupa nuestro cuerpo y al efímero tiempo que dura nuestra vida.

Un abrazo.
Totalmente de acuerdo amigo Antonio. Más besos con admiración y cariño...muáááckss...
 
RENACIMIENTO

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El sol comenzaba a descender tras una montaña situada al borde de la playa. El anciano estaba tumbado sobre una hamaca, bajo una sombrilla. De pronto, escuchó la voz de un niño de cinco años:

- ¡Mamá, mira mi castillo!

El anciano giró la cabeza para ver al niño que construía un castillo de arena, y deseó con todas sus fuerzas ser ese niño, quería reiniciar así una nueva vida. Comprendía que su personalidad se hallaba en su memoria, en los recuerdos acumulados durante 85 años, pero no le importó perderlos. Pensó que su deseo de vivir, el sentimiento más básico, era el mismo que sienten todas las personas: niños o mayores. Su deseo fue tan fuerte, tan fuerte, que se cumplió: murió en ese momento, del mismo modo que dormía todas las noches.

En ese preciso instante, el niño dejó su juego y contempló al anciano, que seguía con los ojos abiertos, sin pestañear, mirando al castillo de arena. Un minuto después, salió corriendo hacia su madre mientras gritaba alborozado:

- ¡Mamá, mamá, mira! Ese señor se ha dormido con los ojos abiertos.
Me gustó mucho este escrito , si bien tiene un repentino final , contiene un enorme mensaje. Gran contenido. Me alegro haberle leído. Un abrazo
 
Has iniciado con un título con significado abierto a especulación, después construido una generación de expectativa centralizándola en el nodo del relato, cuyo desenlace, al ser un microrrelato (y no estar la carta del género marcada), podía devenir en varios finales. Luego, la muerte repentina del viejo (sumado al recuerdo del título), acerca al lector a la posibilidad de que el desenlace dé pie a varias interpretaciones (final abierto). Y sin embargo el giro, lo inesperado, precisamente es la ruptura de esa suerte fantasía psicológica en boca del niño.
El simbolismo del castillo (y la construcción de una vida) inconsciente o no por parte del autor, hace mella en el lector y la carga emocional depositada en la imagen de la escena.
De lo mejor que me he leído hasta ahora. Saludos.
 
Has iniciado con un título con significado abierto a especulación, después construido una generación de expectativa centralizándola en el nodo del relato, cuyo desenlace, al ser un microrrelato (y no estar la carta del género marcada), podía devenir en varios finales. Luego, la muerte repentina del viejo (sumado al recuerdo del título), acerca al lector a la posibilidad de que el desenlace dé pie a varias interpretaciones (final abierto). Y sin embargo el giro, lo inesperado, precisamente es la ruptura de esa suerte fantasía psicológica en boca del niño.
El simbolismo del castillo (y la construcción de una vida) inconsciente o no por parte del autor, hace mella en el lector y la carga emocional depositada en la imagen de la escena.
De lo mejor que me he leído hasta ahora. Saludos.

Gracias por interpretar tan bien el relato.

El desenlace puede tener muchas interpretaciones, como bien dices, el lector completa el relato a su gusto. En cierto modo, la vida pasa de una persona a otra, generación tras generación, igual que en una carrera de relevos. No creo en la reencarnación, aunque sí creo que nuestra existencia continúa, más allá de la muerte, en todo lo que amamos, puesto que somos todo lo que amamos.

Saludos desde Madrid.
 
Gracias por interpretar tan bien el relato.

El desenlace puede tener muchas interpretaciones, como bien dices, el lector completa el relato a su gusto. En cierto modo, la vida pasa de una persona a otra, generación tras generación, igual que en una carrera de relevos. No creo en la reencarnación, aunque sí creo que nuestra existencia continúa, más allá de la muerte, en todo lo que amamos, puesto que somos todo lo que amamos.

Saludos desde Madrid.
Sí, coincido con tu perspectiva. Parece haber una suerte de existencia especial (de la especie), que nos trasciende en lo individual, lo que los historiadores llaman permanencias, lo que los antropólogos y científicos sociales llaman cultura, lo que en las familias llamamos «te salió tan rico como a la abuela», o «como decía el abuelo...»
Aunque como dices, volviendo al relato, cada cual lo cierra como le parece.
Gracias y saludos desde la provincia de Buenos Aires.
 
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Sí, coincido con tu perspectiva. Parece haber una suerte de existencia especial (de la especie), que nos trasciende en lo individual, lo que los historiadores llaman permanencias, lo que los antropólogos y científicos sociales llaman cultura, lo que en las familias llamamos «te salió tan rico como a la abuela», o «como decía el abuelo...»
Aunque como dices, volviendo al relato, cada cual lo cierra como le parece.
Gracias y saludos desde la provincia de Buenos Aires.
Así es, Mauro. Los individuos morimos, pero la vida continúa, se renueva y evoluciona. Lo mismo pasa con la cultura. Solo el egoísmo reduce nuestra existencia al pequeño espacio que ocupa nuestro cuerpo y al efímero tiempo que dura nuestra vida.

Salud y ventura.
 
RENACIMIENTO


El sol comenzaba a descender tras una montaña situada en el borde de la playa. El anciano estaba tumbado sobre una hamaca, bajo una sombrilla. De pronto, escuchó la voz de un niño de cinco años:

– ¡Mamá, mira mi castillo!

El anciano giró la cabeza para ver al niño que construía un castillo de arena y deseó con todas sus fuerzas ser ese niño. Quería iniciar así una nueva vida. Comprendió que su personalidad se hallaba en su memoria, en los recuerdos acumulados durante 85 años, pero no le importó perderlos. Pensó que su deseo de vivir, el sentimiento más básico, era el mismo que sienten todas las personas, niños o mayores. Su deseo fue tan fuerte, tan fuerte, que se cumplió: murió plácidamente en ese momento, igual que dormía todas las noches.

En ese mismo instante, el niño dejó su juego y contempló al anciano, que seguía con los ojos abiertos, sin pestañear, “mirando” al castillo de arena. Un minuto después, salió corriendo hacia su madre mientras gritaba alborozado:

– ¡Mamá, mamá, mira! Ese señor se ha dormido con los ojos abiertos.

Un bello micro que deja esa sorpresa final para comprender que la vida siempre
puede ofrecernos un margen de ilusion. unidad de estadios temporales para
que las dos unidades fragiles ´de la vida comporte esa unidad de sentimientos.
me ha gustado mucho. saludos amables de luzyabsenta
 
Un bello micro que deja esa sorpresa final para comprender que la vida siempre
puede ofrecernos un margen de ilusion. unidad de estadios temporales para
que las dos unidades fragiles ´de la vida comporte esa unidad de sentimientos.
me ha gustado mucho. saludos amables de luzyabsenta

La existencia continúa en todo lo que amamos, porque somos todo lo que amamos, como digo en la firma, solo se pierde el ego. Si superamos el egoísmo seremos más felices.

Gracias por leer y comentar este sencillo relato.
 

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