cristina bajo
Poeta asiduo al portal
Me carcome tu pérdida,
desvirtúa mi raciocinio
y me enfrenta a una orgía de dolor
que araña mis entrañas.
Sin embargo, estas ahí.
Te sientas en tu silla como siempre
e incluso me sonríes,
pero la cadencia sutil de tu mirada,
que jugaba divertida entre palabras,
es ahora un hierático gesto sombrío.
No te vas, pero no estás.
Y al mirarte siento que el vacío me estrangula,
que el dolor me descompone
y yo también sonrío:
es más cómodo ignorar lo evidente
que asumirlo.
Dicen que el amor a veces muere así,
de muerte lenta,
se consume como si le faltase oxígeno
y desaparece.
¿Tendré pues que aceptar la pérdida?
¿Tiraré mis armas y el escudo
para retirarme a los campos amarillos del crepúsculo?
Sí, creo que sí,
se consumieron mis fuerzas
cuando aún había batallas
y ahora sólo me queda firmar mi rendición.
desvirtúa mi raciocinio
y me enfrenta a una orgía de dolor
que araña mis entrañas.
Sin embargo, estas ahí.
Te sientas en tu silla como siempre
e incluso me sonríes,
pero la cadencia sutil de tu mirada,
que jugaba divertida entre palabras,
es ahora un hierático gesto sombrío.
No te vas, pero no estás.
Y al mirarte siento que el vacío me estrangula,
que el dolor me descompone
y yo también sonrío:
es más cómodo ignorar lo evidente
que asumirlo.
Dicen que el amor a veces muere así,
de muerte lenta,
se consume como si le faltase oxígeno
y desaparece.
¿Tendré pues que aceptar la pérdida?
¿Tiraré mis armas y el escudo
para retirarme a los campos amarillos del crepúsculo?
Sí, creo que sí,
se consumieron mis fuerzas
cuando aún había batallas
y ahora sólo me queda firmar mi rendición.