Renuncio por fin a la mano castradora.
y también al hambre que me da libertad.
Me aparto de la línea que con sus manos frías
cubría mis ojos mientras la avanzaba.
Renuncio a la idolatría de tu palabra.
y también a la alabanza de tus juegos.
Escupo sobre tu vestido de falsa pureza
y a tu alma ególatra la bajo de un tiro
Sin embargo te desnutres entre mis brazos.
y gimes un par de arrepentimientos sobre el sudor de tu vientre.
Te desapareces en caricias cortantes
pero no pierdes las fuerzas
jadeas, avanzas, trepas con tu lengua reseca
quemas
y yo otra vez asumo el rol de santo.
Rajas el alma con cada uno de tus besos y yo sigo esperándolos.
De tu lengua seca,
depende mi animo vulnerable.
Pero no quiero doler en tu piel
lo sabes, aun así me provocas
con las dagas que emanan de tu boca
Beso tu frente y renuncio.
a la capacidad malvada de pudrir tu sangre.
Rescato el roce de tus labios
y lo guardo como la última reserva de amor en mi cuerpo.
Lanzo al viento el velo de tu desnudez.
y me precipito al vacío.
A la orilla en donde jamás te encuentre.
En donde nunca mas te encuentre.
Te dejo ir confiada,
pues te despido conteniendo tu esencia
odiando la brisa que borrará mi recuerdo
ese que se conjuga en tus ojos
idos y siempre a destiempo
para detenerse en mi rostro.
Por eso renuncio.
desdibujo mi figura indómita de estos tiempos macabros y no vuelvo.
Al tiempo que queda y a la paz ausente.
Renuncio.
A tu cuerpo en cólera que eternamente guiara mi ansiedad.
y al olvido del que sin duda seré presa algún día.
Renuncio.