Puedo perder la razón cuando veo tus manos
recorrer suavemente el lápiz
que da giros en medio de tus dedos.
Me pierdo en los surcos de tus manos,
deseos se desprenden de mi imaginación,
resultando fácil sumergirme en este sueño
donde la luz de tus besos ilumina el camino
y el cántaro de mi pecho se desborda de codicia.
El grafito se plasma en la celulosa
como tus besos en mi vientre.
Y, mientras hablas, tus palabras se conjugan
desnudándome con cada letra, con cada sílaba
mezclada con el sabor de tus besos,
con el placer de tu lengua
que se enreda en mis cabellos.
El lápiz se quiebra en un grito
y mis sentidos caen al precipicio de la realidad
donde el salón de clases se abriga de rutina
y una nota reprobatoria predice mi final.
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recorrer suavemente el lápiz
que da giros en medio de tus dedos.
Me pierdo en los surcos de tus manos,
deseos se desprenden de mi imaginación,
resultando fácil sumergirme en este sueño
donde la luz de tus besos ilumina el camino
y el cántaro de mi pecho se desborda de codicia.
El grafito se plasma en la celulosa
como tus besos en mi vientre.
Y, mientras hablas, tus palabras se conjugan
desnudándome con cada letra, con cada sílaba
mezclada con el sabor de tus besos,
con el placer de tu lengua
que se enreda en mis cabellos.
El lápiz se quiebra en un grito
y mis sentidos caen al precipicio de la realidad
donde el salón de clases se abriga de rutina
y una nota reprobatoria predice mi final.
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