camicho
Poeta asiduo al portal
Un sendero roído por el tiempo,
se posa en alfombras verdes
una tras otra hasta las montañas.
Cuenta historias de batallas;
de carreras en carretas ;
de canciones y poetas
y de duelos y silencio.
Rotas algunas vallas
por los festejos de los carnavales
ahora es lecho de arañas.
Hay un tramo del camino
ancho, largo y muy recto.
En soledad canta.
Es el único lugar
donde ya no crecen árboles.
Un arco acaricia las cuerdas,
el violín vibra,
es automática su respuesta.
Todo viajero detiene su paso,
cautivado se denota.
En duda cualquier músico queda
parece en realidad un sueño,
ya que nunca se puede ver
a quien interpreta esas notas
con delicadeza y empeño.
De mitos se ha poblado,
incluso mas que de rastros.
Se dice que pocos son los valientes
que en peregrinaje
o en caballos de paso.
Incluso con o sin linaje.
atraviesen el prado
por el camino encantado.
Los ancianos ya no cuentan
lo que otras generaciones les han legado;
algunos dicen
que siempre habrá una nube,
que explique el duelo.
Y aunque no llore ni nieve
quedará como centinela del camino
resguardando lo vivido.
Una niña en versos desatada
cuando las fiestas se alzaban
aún es muy recordada.
En otrora la percusión
entre los nativos era de elección.
Todos con el rostro pintado
levantando el mazo en forma constante
y golpeándolo con ritmo y sin reparo,
sobre el cuero tallado
que sus tambores recubre,
en todo evento de festejo
sin mencionar alguno que otro entierro .
Agua en un balde de madera
siempre transportaba,
mas su instrumento en la otra mano.
Decía que aunque con tan sólo una gota
en cualquier lado
podía regar todo el prado.
En su andar estrepitoso por el sendero
durante todo el día
lo recorría de lado a lado.
Cuando regresaba su balde
vacío a todos mostraba.
Nadie sabia su nombre
pero por la actividad realizada
una Gota era lo mas apropiado.
Al menos así se la llamaban.
A la tarde extendía el brazo
sujetaba con fuerza el diapasón
y la caja la apoyaba en su quijada ;
cautivado todo quedaba ;
las estrellas rápidas asomaban
el astro en su ocaso
al césped se aferraba.
Llegó el día de los equinos
a los de mejor sangre los prepararon.
Se notaba la alegría del pueblo,
era un evento tradicional
por algunos siglos representado.
Amanecía hace algunos años
todo fresco y húmedo el campo
desde que la gota riega el prado.
Iniciada la carrera
el galope estruendoso
de los caballos levantaba polvo
matando la vegetación formada.
En la cerca que limita el campo
con el camino .
Se sienta, luego que se ha izado
apoyada en el balde de madera,
que de gotas
nuevamente todo lo ha cubierto.
Entona su canto .
El violín se destaca
entre tanto estruendo
de tambores y galope.
La tarde de festejos y carreras
se teñiría de rojo.
El sol en verano
se quedaba ; autorizado,
un poco mas de lo acostumbrado;
a contemplarla y así poderse arrullar
con el réquiem de las cuerdas,
notas que parecían presagiaban.
La luna también se hizo presente
para espectar el desconsuelo
que el silencio trae.
Un animal en carrera
tropezado queda
y en un impacto brusco
sobre la valla ha dado.
Se levanta la tierra.
Todo esta destruido.
Cruje la madera
del violín y de la cerca.
La pieza de ajedrez
ha dado un jaque errado.
Hay polvo cae una Gota,
es rocío del prado.
El sol y la luna son castigados,
en tinieblas se da el duelo.
Lluvia cae sobre el valle
Gota a gota se le recuerda con anhelo.
Queda pactado entonces
entre la tierra y el cielo
una sombra constante
para mantener la humedad en la hierba.
Con gotas de rocío desde entonces
el campo ha quedado.
se posa en alfombras verdes
una tras otra hasta las montañas.
Cuenta historias de batallas;
de carreras en carretas ;
de canciones y poetas
y de duelos y silencio.
Rotas algunas vallas
por los festejos de los carnavales
ahora es lecho de arañas.
Hay un tramo del camino
ancho, largo y muy recto.
En soledad canta.
Es el único lugar
donde ya no crecen árboles.
Un arco acaricia las cuerdas,
el violín vibra,
es automática su respuesta.
Todo viajero detiene su paso,
cautivado se denota.
En duda cualquier músico queda
parece en realidad un sueño,
ya que nunca se puede ver
a quien interpreta esas notas
con delicadeza y empeño.
De mitos se ha poblado,
incluso mas que de rastros.
Se dice que pocos son los valientes
que en peregrinaje
o en caballos de paso.
Incluso con o sin linaje.
atraviesen el prado
por el camino encantado.
Los ancianos ya no cuentan
lo que otras generaciones les han legado;
algunos dicen
que siempre habrá una nube,
que explique el duelo.
Y aunque no llore ni nieve
quedará como centinela del camino
resguardando lo vivido.
Una niña en versos desatada
cuando las fiestas se alzaban
aún es muy recordada.
En otrora la percusión
entre los nativos era de elección.
Todos con el rostro pintado
levantando el mazo en forma constante
y golpeándolo con ritmo y sin reparo,
sobre el cuero tallado
que sus tambores recubre,
en todo evento de festejo
sin mencionar alguno que otro entierro .
Agua en un balde de madera
siempre transportaba,
mas su instrumento en la otra mano.
Decía que aunque con tan sólo una gota
en cualquier lado
podía regar todo el prado.
En su andar estrepitoso por el sendero
durante todo el día
lo recorría de lado a lado.
Cuando regresaba su balde
vacío a todos mostraba.
Nadie sabia su nombre
pero por la actividad realizada
una Gota era lo mas apropiado.
Al menos así se la llamaban.
A la tarde extendía el brazo
sujetaba con fuerza el diapasón
y la caja la apoyaba en su quijada ;
cautivado todo quedaba ;
las estrellas rápidas asomaban
el astro en su ocaso
al césped se aferraba.
Llegó el día de los equinos
a los de mejor sangre los prepararon.
Se notaba la alegría del pueblo,
era un evento tradicional
por algunos siglos representado.
Amanecía hace algunos años
todo fresco y húmedo el campo
desde que la gota riega el prado.
Iniciada la carrera
el galope estruendoso
de los caballos levantaba polvo
matando la vegetación formada.
En la cerca que limita el campo
con el camino .
Se sienta, luego que se ha izado
apoyada en el balde de madera,
que de gotas
nuevamente todo lo ha cubierto.
Entona su canto .
El violín se destaca
entre tanto estruendo
de tambores y galope.
La tarde de festejos y carreras
se teñiría de rojo.
El sol en verano
se quedaba ; autorizado,
un poco mas de lo acostumbrado;
a contemplarla y así poderse arrullar
con el réquiem de las cuerdas,
notas que parecían presagiaban.
La luna también se hizo presente
para espectar el desconsuelo
que el silencio trae.
Un animal en carrera
tropezado queda
y en un impacto brusco
sobre la valla ha dado.
Se levanta la tierra.
Todo esta destruido.
Cruje la madera
del violín y de la cerca.
La pieza de ajedrez
ha dado un jaque errado.
Hay polvo cae una Gota,
es rocío del prado.
El sol y la luna son castigados,
en tinieblas se da el duelo.
Lluvia cae sobre el valle
Gota a gota se le recuerda con anhelo.
Queda pactado entonces
entre la tierra y el cielo
una sombra constante
para mantener la humedad en la hierba.
Con gotas de rocío desde entonces
el campo ha quedado.
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