Pierre Hemingway
Poeta recién llegado
Réquiem del Divorcio
Las paredes se carcomían solas
no necesitaban predecir lo que observaban
habían presenciado muchos inquilinos
que traicionaban sus deseos y estos no eran la excepción.
La pareja seguía abrazándose
sin embargo esos brazos eran insípidos
y lo único que los mantenía unidos
era la inercia de las lágrimas
que lastimosamente
nunca admitieron.
Es la maldición a la que esta condenada el destino
culpado de antemano , aunque solamente es un espectador mas.
Se odiaban en los sueños, en el almuerzo, en la cena
y ahora en el juzgado
Ya no se abrazaban mas y la paredes estaban hecha polvo
Sin esos testigos el juez hizo lo que ellos no podían hacer.
tal vez ese odio procedía al ser estafados
en un viaje que a mitad de camino no conducía a nada.
Se dividieron la torta
el fruto de sus fracasos
personas normales los llamaría hijos
pero al estar embriagados por la desilusión
le hacia perder la noción de que vivían en un mundo
con estigma morales.
Esos niños no entendían porque tenían que participar
en tal desagradable juego
Donde se vestían de marionetas cada domingo
Al principio les encantaba
Tenían el doble de regalos que comúnmente recibían
pero la sonrisa se les difuminaba
hasta que se daban cuentan de los hilos
que a sus extremidades inundaban.
Veían que la herida se hacia cada vez mas profunda
hasta que la herida se convirtió en ellos
les parecio espantoso que la herida pensara y hablara como ellos
siguió apropiándose de sus juguetes mas preciados,
de los cuarto e irremediablemente de toda la casa
cuando no hubo mas lugar que apropiarse la dichosa herida
entendió que su labor ya había terminado
y con recelo tuvo que abrirle paso a la fragorosa libertad
ya no eran niños, ya eran libres.
se necesitaba mas que un maravilloso don
para omitir esas plegarias
que los niños
en la almohada descargaban.
quien sabe si ese don
se me es hereditario.
Pierre hemingway
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