Espero, al pie del infinito canal,
varado en una línea gris que me domina;
donde empieza una etapa descomunal.
Cansado, divago la mirada maloliente de ironía.
El porvenir es éste instante, que mata la luz del día;
con dagas escurridas y una lágrima latente.
La nuca se entorpece, la vértebra enloquece y el conciente desvariante
se adormece.
El palpitar de las manos delata los momentos,
el sangrar de los dedos dibuja los tormentos,
desfallecer no es opción, no es consuelo,
solo lamentos.
Duele, la espalda cansada se desgarra hacia el vacío.
La mortaja de la espada la flexiona desde el cuello.
Hace lo que es la voluntad del hastío;
por mandato Divino y órdenes sagradas,
bajas la cara, la degradas; la borras de tu cuerpo.
La piel se descompone; ya solo queda el hueso.
¿Qué quieres de mi destierro inmundo del más allá?
si me tienes moribundo y, sumergido en tu deber
a tu merced he de fallar. Eso, deberás de una vez saber
que sin quejas no me iré, ¡peticiones haré antes de callar!
¡Si he de morir hoy, toca la sinfonía del caído desgraciado,
que hoy quiero partir con temple de agraciado!
Llévate mi cuerpo, consúmelo con odio;
ya mis entrañas se han vaciado.
pero mi espíritu y mi alma, los conservo yo, no tú,
¡Infame desgraciada!
Que mi dicha y dignidad para ti sean tedio.
Deja que los gusanos hagan su tarea;
deja a la tierra, que me arrastre cual marea;
que las cenizas se desplieguen y que todos lo atestigüen
¡O qué si ando sólo!, no quiero emporio, mortales ni coro.
Hoy soy inmortal, creeré en la fama.
Aún sin gloria en descanso de oro,
comeré de esa eterna calma;
orgulloso, proclamaré la mañana que atesoro,
y fracasado beberé en la nada.
¿Que debo esperar de esta situación?
Revancha de la vida que jugué su antiguo juego.
Reverencias de intención es lo único que tengo,
mutilado, he de enfrentarme ante El Gran Jurado
y arrodillarme ante El Hostil Verdugo;
Mi cabeza rodará,
que más da, si ya ha llegado mi vida
a su etapa terminal.
Ayer de blanco me vistieron por causas de sosiego.
Hoy de negro me velaron,
en horas frías, de rendición y enmascarada algarabía.
No importa que algún titán de mi se ría.
Aunque sea al primero que enterraron,
escogeré en la Nueva Estancia el lugar de mi abadía.
Muerto viviré.
Mi voz aguda y grutural
a oídos que no oyen gritará,
y una y otra vez me pudriré.
Y así mi no-vida será.
Privilegiado me han de llamar,
por entrar Al Reino De Los Muertos sin dudar.
Valiente, acorazado, con la frente en alto sin querer a quien culpar.
Aunque este día me desconcierte, inerte,
esa amarga melodía habré de escuchar; desdichado
eternamente; esta es mi nueva suerte,
noche y día, abrazando El Réquiem de La Muerte.
Santísima Muerte II /03/2009
Relatos de Inframundo
varado en una línea gris que me domina;
donde empieza una etapa descomunal.
Cansado, divago la mirada maloliente de ironía.
El porvenir es éste instante, que mata la luz del día;
con dagas escurridas y una lágrima latente.
La nuca se entorpece, la vértebra enloquece y el conciente desvariante
se adormece.
El palpitar de las manos delata los momentos,
el sangrar de los dedos dibuja los tormentos,
desfallecer no es opción, no es consuelo,
solo lamentos.
Duele, la espalda cansada se desgarra hacia el vacío.
La mortaja de la espada la flexiona desde el cuello.
Hace lo que es la voluntad del hastío;
por mandato Divino y órdenes sagradas,
bajas la cara, la degradas; la borras de tu cuerpo.
La piel se descompone; ya solo queda el hueso.
¿Qué quieres de mi destierro inmundo del más allá?
si me tienes moribundo y, sumergido en tu deber
a tu merced he de fallar. Eso, deberás de una vez saber
que sin quejas no me iré, ¡peticiones haré antes de callar!
¡Si he de morir hoy, toca la sinfonía del caído desgraciado,
que hoy quiero partir con temple de agraciado!
Llévate mi cuerpo, consúmelo con odio;
ya mis entrañas se han vaciado.
pero mi espíritu y mi alma, los conservo yo, no tú,
¡Infame desgraciada!
Que mi dicha y dignidad para ti sean tedio.
Deja que los gusanos hagan su tarea;
deja a la tierra, que me arrastre cual marea;
que las cenizas se desplieguen y que todos lo atestigüen
¡O qué si ando sólo!, no quiero emporio, mortales ni coro.
Hoy soy inmortal, creeré en la fama.
Aún sin gloria en descanso de oro,
comeré de esa eterna calma;
orgulloso, proclamaré la mañana que atesoro,
y fracasado beberé en la nada.
¿Que debo esperar de esta situación?
Revancha de la vida que jugué su antiguo juego.
Reverencias de intención es lo único que tengo,
mutilado, he de enfrentarme ante El Gran Jurado
y arrodillarme ante El Hostil Verdugo;
Mi cabeza rodará,
que más da, si ya ha llegado mi vida
a su etapa terminal.
Ayer de blanco me vistieron por causas de sosiego.
Hoy de negro me velaron,
en horas frías, de rendición y enmascarada algarabía.
No importa que algún titán de mi se ría.
Aunque sea al primero que enterraron,
escogeré en la Nueva Estancia el lugar de mi abadía.
Muerto viviré.
Mi voz aguda y grutural
a oídos que no oyen gritará,
y una y otra vez me pudriré.
Y así mi no-vida será.
Privilegiado me han de llamar,
por entrar Al Reino De Los Muertos sin dudar.
Valiente, acorazado, con la frente en alto sin querer a quien culpar.
Aunque este día me desconcierte, inerte,
esa amarga melodía habré de escuchar; desdichado
eternamente; esta es mi nueva suerte,
noche y día, abrazando El Réquiem de La Muerte.
Santísima Muerte II /03/2009
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