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Rescate de tu nombre

No se cuanto significó o significa ese nombre para tí cielo, pero leyéndote, me doy cuenta
de que se hace inminente ese rescate, desde todos los suspiros y cada una de las letras de
tus versos. Eso tienes, que dejas el corazón en cada poema y esa generosidad se agradece
siempre. Besitos cariñosos apretados en tus mejillas.
Pues fue un nombre que significó -y aún significa mucho- para mí. Fue hace mucho tiempo, ella era una compañera de trabajo en una maquiladora de ropa, y al principio solo me gustaban sus ojos: eran unos ojos de ranurita que se entonaban aún más cuando la luz de la tarde se filtraba por los cristales del destartalado autobús. Nuestro romance duró poco -lo de un par de borracheras en un antro-, pero nuestra amistad perdura hasta la actualidad, y a veces nos acordamos de lo tontamente jóvenes que éramos, y nos entretenemos pensando en que hubiera pasado si...

En fin, ya hasta me dieron ganas de escribirle otro texto; eso me pasa cuando me tiro al pasado, caramba, porque ya recuerdo que le escribí otro poema a su segundo nombre (Natalí), es más voy corriendo a buscarlo...

Está larguísimo (así escribía en 2011); cuenta con una apertura, tres episodios (incluido el de su boda) y un epílogo, y es malo como él solo, pero te comparto esa apertura nada más porque eres mi amiga y la pura lindura:

Nátali, Natalia, Natalí

La ate a mis labios
con los cables amarillos
que entraban por el tejado de la fábrica.
Era una voz de arañas eléctricas
que descifradas por antenas
la nombraban Nátali.

Ella insistía:
se pronuncia Natalí,
con telúrica tilde en la i,
y una ene de nube,
y una ele de lámpara,
y una te para crucificar un beso,
y dos aes sin fin:
NA
TA
LÍ.​

Yo la llamaba Natalia para enfadarla
pero en secreto, para amarla,
la nombraba mi Annabel Lee.​
***

Y no chillo, nomás me acuerdo, je je. Abrazos fuertes a tu corazón, querida Anita.
 
Hay que salvar tu nombre del azar de tus bocas,
de la unidad de tus bocas a la deriva de mis voces,
hay que sorber su océano a cucharadas
hasta encontrar su primer grano de sal estatuido en onda,
el estallido esencial de su ignota perla
que se liberó en azul de su profundo centro.

Hay que tumbar tu nombre de mi tan alto grito,
que caiga la nata de su cobre a mi silencio multitudinario,
que repita tus morenas gracias
como algo leve y lava
que fluye con los labios.
Hay que intentarle el boca a boca

en todos sus tramos con lasitud de remanso,
ahogar en su río su significado de alcancía de aire muerto
y escribirlo a dos manos en ebullición cardíaca
y callarlo con el dogal de tu garganta alrededor del cuello.


Hay que rescatar tu nombre del santoral del calendario,
humedecer sus besos con agua venida a incendio,
untarle bálsamo lírico contra las cuarteaduras,
atestiguar su transición de mazapán a hueco,
mimetizar sus ecos con tu adherencia a las fugas,
verter su sangre evaporada en el mutismo de los dioses,
libar su aguarrás y su pimienta,
contar sus vocales abiertas a lascivas mariposas,
secuestrar la B grande de su escote
y reiniciar con mayúscula tu Boca,
tu Boca inmensa, tu inmensidad de Boca
en tu breve nombre:
Brenda.

6 de enero de 2013
Hay que salvar tu nombre del azar de tus bocas,
de la unidad de tus bocas a la deriva de mis voces,
hay que sorber su océano a cucharadas
hasta encontrar su primer grano de sal estatuido en onda,
el estallido esencial de su ignota perla
que se liberó en azul de su profundo centro.

Hay que tumbar tu nombre de mi tan alto grito,
que caiga la nata de su cobre a mi silencio multitudinario,
que repita tus morenas gracias
como algo leve y lava
que fluye con los labios.
Hay que intentarle el boca a boca

en todos sus tramos con lasitud de remanso,
ahogar en su río su significado de alcancía de aire muerto
y escribirlo a dos manos en ebullición cardíaca
y callarlo con el dogal de tu garganta alrededor del cuello.


Hay que rescatar tu nombre del santoral del calendario,
humedecer sus besos con agua venida a incendio,
untarle bálsamo lírico contra las cuarteaduras,
atestiguar su transición de mazapán a hueco,
mimetizar sus ecos con tu adherencia a las fugas,
verter su sangre evaporada en el mutismo de los dioses,
libar su aguarrás y su pimienta,
contar sus vocales abiertas a lascivas mariposas,
secuestrar la B grande de su escote
y reiniciar con mayúscula tu Boca,
tu Boca inmensa, tu inmensidad de Boca
en tu breve nombre:
Brenda.

6 de enero de 2013
Qué bueno encontrarme con este rescate, con este salvataje desesperado, con esta crucifixión de vocales que resucitan.
Pedro, aveces un poema es una aplanadora.
Un gusto pasar.
 
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