Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Algo de la infinita trama del amor
reluce en los vaivenes esporádicos
de la barca de aquel pescador
habitado por el pesar que derrotó su alma.
Fue por ello que atrincherado en la costa
de marfil, lo sedujo aquella sirena inviolable
quien subrepticia se había deslizado hasta
el
espigón leonado y lo atrapó para conducirlo
a la oscura profundidad en la que de nada
valía boquear, de nada valía combatir los
repentinos labios embriagadores, los suaves
labios desconcertantes, inaprensibles
durante
el caos seductor, inaprensibles como las
carcajadas
de Dios, quien al final es quien decide el
intrincado
juego del todo y de la nada, del principio y
del final
de este pescador que tantea el bello fruto
prohibido
mientras sin darse cuenta se postula hacia
el furor
del ser y del no ser más que otro mortal de
piel
tajada, de fisonomía incolora y revueltos
cabellos,
devorado en aquel fondo por inusuales
caricias,
consumido en aquel fondo tenebroso por el
raro
acople, a sabiendas que las cenizas ya no
podran ser
sopladas en la mansa superficie que atañe a
los mortales,
ya que queda dicho que lo irracional es
aguja de plata,
y que ese corazón irreverente ganó algo
sutil, punzante
y escurridizo.
Puesto que ese rostro herido de lágrimas,
es ensueño
ensueño desecho en vagos temores,
que al volverse canto indiferente de pájaro,
sólo
podrá extender sus alas y olvidar las penas
de su alma
ya deshabitada.
reluce en los vaivenes esporádicos
de la barca de aquel pescador
habitado por el pesar que derrotó su alma.
Fue por ello que atrincherado en la costa
de marfil, lo sedujo aquella sirena inviolable
quien subrepticia se había deslizado hasta
el
espigón leonado y lo atrapó para conducirlo
a la oscura profundidad en la que de nada
valía boquear, de nada valía combatir los
repentinos labios embriagadores, los suaves
labios desconcertantes, inaprensibles
durante
el caos seductor, inaprensibles como las
carcajadas
de Dios, quien al final es quien decide el
intrincado
juego del todo y de la nada, del principio y
del final
de este pescador que tantea el bello fruto
prohibido
mientras sin darse cuenta se postula hacia
el furor
del ser y del no ser más que otro mortal de
piel
tajada, de fisonomía incolora y revueltos
cabellos,
devorado en aquel fondo por inusuales
caricias,
consumido en aquel fondo tenebroso por el
raro
acople, a sabiendas que las cenizas ya no
podran ser
sopladas en la mansa superficie que atañe a
los mortales,
ya que queda dicho que lo irracional es
aguja de plata,
y que ese corazón irreverente ganó algo
sutil, punzante
y escurridizo.
Puesto que ese rostro herido de lágrimas,
es ensueño
ensueño desecho en vagos temores,
que al volverse canto indiferente de pájaro,
sólo
podrá extender sus alas y olvidar las penas
de su alma
ya deshabitada.
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