Juan Oriental
Poeta que considera el portal su segunda casa
-“Me voy definitivamente” –dijiste-
y te vas rumbo al crepúsculo, que sabes,
me gusta contemplar por la ventana
que recuadra mi modesto paraíso:
con laurel en flor, pasto dorado y chircas,
alambrado de nostálgico mugido, copa
emergente de eucalipto, y empinados
postes de luz como testigos abatidos
de nuestro adiós. (Como siempre,
mi metafórica razón, a medias real,
elucubrando maquinal y subjetiva,
rico escenario al más duro suceso).
Ansioso, pero permanecido en mi sitio,
como perro fiel a sus límites, me quedo
mirándote ir; hundirte rítmicamente tras
la loma por la cual te remonté a mi vida.
Ya, la luna, inflamada de contrariedad,
reconoce sus hebras de argento robadas,
en la urgida telaraña que teje la soledad
(reina absoluta de las arañas) en el quicio
de la puerta que no te dignaste cerrar.
Puerta a perplejo futuro, que, tras un lapso
de inestable certeza, cierro conmovido.
Lentamente, como un libro angustioso
con sufrido final que se agradece.
Entonces, mientras los grillos empiezan
a sonar sus breves trompetas de vidrio,
(que luego hará trizas la escarcha para
lentejuelas auriverdes de la grama)
yo, con íntimo alivio y absoluto placer,
y en honor a tanto gusto sometido, a tanta
condescendiente paciencia inapreciada,
a tan defraudada gentileza; me siento
a garabatear desaforadamente esto,
y todo pormenor posible que resguarde
mi espiritualidad (no sea que vuelvas
y me siegues, como siempre, el más leve
atisbo de inspiración que te suplante.
(Ya veo que me espera una noche intensa,
sobresaltada por musa y Teru-teros*).
y te vas rumbo al crepúsculo, que sabes,
me gusta contemplar por la ventana
que recuadra mi modesto paraíso:
con laurel en flor, pasto dorado y chircas,
alambrado de nostálgico mugido, copa
emergente de eucalipto, y empinados
postes de luz como testigos abatidos
de nuestro adiós. (Como siempre,
mi metafórica razón, a medias real,
elucubrando maquinal y subjetiva,
rico escenario al más duro suceso).
Ansioso, pero permanecido en mi sitio,
como perro fiel a sus límites, me quedo
mirándote ir; hundirte rítmicamente tras
la loma por la cual te remonté a mi vida.
Ya, la luna, inflamada de contrariedad,
reconoce sus hebras de argento robadas,
en la urgida telaraña que teje la soledad
(reina absoluta de las arañas) en el quicio
de la puerta que no te dignaste cerrar.
Puerta a perplejo futuro, que, tras un lapso
de inestable certeza, cierro conmovido.
Lentamente, como un libro angustioso
con sufrido final que se agradece.
Entonces, mientras los grillos empiezan
a sonar sus breves trompetas de vidrio,
(que luego hará trizas la escarcha para
lentejuelas auriverdes de la grama)
yo, con íntimo alivio y absoluto placer,
y en honor a tanto gusto sometido, a tanta
condescendiente paciencia inapreciada,
a tan defraudada gentileza; me siento
a garabatear desaforadamente esto,
y todo pormenor posible que resguarde
mi espiritualidad (no sea que vuelvas
y me siegues, como siempre, el más leve
atisbo de inspiración que te suplante.
(Ya veo que me espera una noche intensa,
sobresaltada por musa y Teru-teros*).
©Juan Oriental
Teru-tero: Vanellus chilensis. Avefría sudamericana
a la cual los criollos atribuyen facultad “centinela”
por sus gritos defensivos ante cualquier presencia
invasora de su entorno.
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a la cual los criollos atribuyen facultad “centinela”
por sus gritos defensivos ante cualquier presencia
invasora de su entorno.
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