Raúl Donoso P.
Poeta que considera el portal su segunda casa
El frío hosco y nocturno
se cuela mordisqueando mis huesos,
bebiendo mi doloroso estremecimiento,
cortando sin piedad el hielo de mis manos,
que no atinan afirmar el tiempo dentro de mi espacio.
se cuela mordisqueando mis huesos,
bebiendo mi doloroso estremecimiento,
cortando sin piedad el hielo de mis manos,
que no atinan afirmar el tiempo dentro de mi espacio.
Sollozos escucho a la distancia,
vienen de vuelta desde la esquina,
en donde bajo un farol se aparcó mi silueta,
silueta amarillenta y desgastada,
que el tiempo con descaro se encargó de atenuar.
vienen de vuelta desde la esquina,
en donde bajo un farol se aparcó mi silueta,
silueta amarillenta y desgastada,
que el tiempo con descaro se encargó de atenuar.
Se ahogan los minutos en esta soledad
y miro al frente…, donde alguna vez,
caminé junto a la otra acera,
también hoy vacía de figuras,
ahuyentadas por la gélida brisa,
que agotó la nostálgica gabardina,
usada cuando avisté tu sonrisa,
una tarde en un otoño primaveral.
y miro al frente…, donde alguna vez,
caminé junto a la otra acera,
también hoy vacía de figuras,
ahuyentadas por la gélida brisa,
que agotó la nostálgica gabardina,
usada cuando avisté tu sonrisa,
una tarde en un otoño primaveral.
El farol con desden va bajando sus pinceladas
y sólo se divisa una noche fría,
llenando la oscuridad de enarbolado silencio,
que sube por las paredes ocres y tejados azules,
meciéndose en calles grises y esquinas púrpuras,
abandonadas por la mirada intestinal,
que perdida la hundo..., en ésta mi resignación animal.
y sólo se divisa una noche fría,
llenando la oscuridad de enarbolado silencio,
que sube por las paredes ocres y tejados azules,
meciéndose en calles grises y esquinas púrpuras,
abandonadas por la mirada intestinal,
que perdida la hundo..., en ésta mi resignación animal.
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