José Segundo Cefal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Eyaculan mil autómatas del ejercito de salvación
contra tu espejo de lagrimas.
Viertes el flujo de tu cáliz.
La décima esencia de tus mandamientos,
el único pecado permitido
y la agonía del capullo que no será flor
en el amplio devenir de tu mirada.
Incumples el mayor de tus orgasmos semanales
y pasas del onanismo
a la misericordia explicita de tus órganos vecinos.
Te desahogas en caída libre
te hundes en los pormenores
de tu violenta penitencia.
Respiras zapatos
Ahogas sogas en la pecera de tus fantasías.
Desmereces el consentimiento de tus deudas
y de todos eso años,
como todos esos peces que empiezan nadando
para acabar flotando en el esperma de los autómatas.
Hoy es viernes o sábado o un día cualquiera
Así...
Seguirás respirando zapatos.
Amén.
contra tu espejo de lagrimas.
Viertes el flujo de tu cáliz.
La décima esencia de tus mandamientos,
el único pecado permitido
y la agonía del capullo que no será flor
en el amplio devenir de tu mirada.
Incumples el mayor de tus orgasmos semanales
y pasas del onanismo
a la misericordia explicita de tus órganos vecinos.
Te desahogas en caída libre
te hundes en los pormenores
de tu violenta penitencia.
Respiras zapatos
Ahogas sogas en la pecera de tus fantasías.
Desmereces el consentimiento de tus deudas
y de todos eso años,
como todos esos peces que empiezan nadando
para acabar flotando en el esperma de los autómatas.
Hoy es viernes o sábado o un día cualquiera
Así...
Seguirás respirando zapatos.
Amén.