poetakabik
Poeta veterano en el portal
Te he visto arder, hermano en la tormenta,
ladrar tu herida contra el cielo ajeno,
y aunque tu voz sembrara espanto y trueno,
yo fui la calma fiel que te sustenta.
Jamás negué la sombra que me enfrenta,
pues sé que en ti también germina el bueno;
bajo tu piel de ira vive el terreno
que un día amó, que amó sin darse cuenta.
No eres prisión, ni yugo del pecado,
sino el espejo fiel que me desgasta,
el eco que me forja y que contrasta
el sol que soy con lo que he sepultado.
Si soy la luz, es porque he transitado
por tu silencio, tu verdad nefasta,
y así, de nuestras guerras, nace casta
la flor del ser, sin culpa y sin pasado.
Por eso vengo, sombra, no a vencerte,
sino a sentarme al fin junto a tu hoguera,
a dialogar contigo primavera
y dar al alma forma de la muerte.
Que viva el todo, que morir despierte
la unión de piel y llama verdadera,
pues sólo es libre el alma si supera
el miedo de aceptar y conocerte.
ladrar tu herida contra el cielo ajeno,
y aunque tu voz sembrara espanto y trueno,
yo fui la calma fiel que te sustenta.
Jamás negué la sombra que me enfrenta,
pues sé que en ti también germina el bueno;
bajo tu piel de ira vive el terreno
que un día amó, que amó sin darse cuenta.
No eres prisión, ni yugo del pecado,
sino el espejo fiel que me desgasta,
el eco que me forja y que contrasta
el sol que soy con lo que he sepultado.
Si soy la luz, es porque he transitado
por tu silencio, tu verdad nefasta,
y así, de nuestras guerras, nace casta
la flor del ser, sin culpa y sin pasado.
Por eso vengo, sombra, no a vencerte,
sino a sentarme al fin junto a tu hoguera,
a dialogar contigo primavera
y dar al alma forma de la muerte.
Que viva el todo, que morir despierte
la unión de piel y llama verdadera,
pues sólo es libre el alma si supera
el miedo de aceptar y conocerte.
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