Hoy leo aquellos versos que te brotan
y siento en su temblor mi propia historia,
un hombre que en la duda se derrota
y en cada herida busca su memoria.
Extrañabas sin ver qué te habitaba,
sin conocer la raíz de aquel vacío,
y en cada ausencia el alma se asomaba
temiendo más perderse que el desvarío.
No era tan solo ella quien dolía,
ni era su soledad la que llamabas,
era tu propia voz la que pedía
la calma que en su abrazo imaginabas.
Hoy ya no subo a ciegas la escalera,
ni temo al tropezar con mis peldaños,
pues sé que cada paso me revela
que fui también raíz de mis engaños.
Y si aún extraño, no me desespero,
lo observo como nube que se inclina,
pues sé que en lo profundo, compañero,
no hay pérdida real… todo camina.
Aquel poeta escribe y yo le escucho,
le abrazo sin juzgar su torpe empeño,
pues gracias a su voz, hoy soy más mucho…
más libre, más consciente… y más pequeño.
y siento en su temblor mi propia historia,
un hombre que en la duda se derrota
y en cada herida busca su memoria.
Extrañabas sin ver qué te habitaba,
sin conocer la raíz de aquel vacío,
y en cada ausencia el alma se asomaba
temiendo más perderse que el desvarío.
No era tan solo ella quien dolía,
ni era su soledad la que llamabas,
era tu propia voz la que pedía
la calma que en su abrazo imaginabas.
Hoy ya no subo a ciegas la escalera,
ni temo al tropezar con mis peldaños,
pues sé que cada paso me revela
que fui también raíz de mis engaños.
Y si aún extraño, no me desespero,
lo observo como nube que se inclina,
pues sé que en lo profundo, compañero,
no hay pérdida real… todo camina.
Aquel poeta escribe y yo le escucho,
le abrazo sin juzgar su torpe empeño,
pues gracias a su voz, hoy soy más mucho…
más libre, más consciente… y más pequeño.