Sólo se da el divague cuando el objeto es la filosofía o el filosofar, pero la filosofía no es historia de la filosofía -cuando una disciplina del saber se convierte en historia de esa disciplina, es porque ha muerto-, pero sólo se entretienen en esas prácticas divagativas quienes necesitan darse importancia, darse una autoridad que no tienen... es cómo el psicólogo que en una conversación tonta mecha conceptos psicoanalíticos para darse autoridad en su supuesta ciencia.
Lo que ha muerto son los viejos problemas de la filosofía, pero si cada problema puede dar una forma de abordaje, no es la filosofía la que debe ser definida, porque definir la filosofía es como tratar de definir al pensador, porque siempre se termina diciendo algo así como que el filósofo es un pensador con un método, y ese método es lo que hace la diferencia... siempre tratando de darse una identidad.
Los problemas de identidad de los filósofos, es cosa de ellos, lo que es importante es el conjunto de problemas que pueden considerarse filosóficos por su trascendentalidad en la marcha de las cosas, por eso existió una filosofía existencialista que trataba los problemas que podían englobarse como existenciales.
Lo importante son los problemas y los debates que lo sostienen, muchos debates que se dan en las distintas ciencias, constituyen debates filosóficos.
Por eso, no es la filosofía -y con ella los filósofos que necesitan ganarse el pan y otorgarse una identidad-, la que debe salvarse, lo importante son los problemas trasecendentales que se sostienen a través de los grandes debates sociales.
En estos, no es el arte lo que debe primar, ahí lo que debe primar es la búsqueda de la verdad en ellos, o, más que la verdad, su solución.
Los problemas que hoy aquejan a la humanidad no son los religiosos, el problema del ser, etc., sino la ecología, el aborto, la clonación, la marcha de la ciencia, la ética, etc.
Por sobre todo, lo importante es el poder de síntesis, no el divague artístico.
Lo que ha muerto son los viejos problemas de la filosofía, pero si cada problema puede dar una forma de abordaje, no es la filosofía la que debe ser definida, porque definir la filosofía es como tratar de definir al pensador, porque siempre se termina diciendo algo así como que el filósofo es un pensador con un método, y ese método es lo que hace la diferencia... siempre tratando de darse una identidad.
Los problemas de identidad de los filósofos, es cosa de ellos, lo que es importante es el conjunto de problemas que pueden considerarse filosóficos por su trascendentalidad en la marcha de las cosas, por eso existió una filosofía existencialista que trataba los problemas que podían englobarse como existenciales.
Lo importante son los problemas y los debates que lo sostienen, muchos debates que se dan en las distintas ciencias, constituyen debates filosóficos.
Por eso, no es la filosofía -y con ella los filósofos que necesitan ganarse el pan y otorgarse una identidad-, la que debe salvarse, lo importante son los problemas trasecendentales que se sostienen a través de los grandes debates sociales.
En estos, no es el arte lo que debe primar, ahí lo que debe primar es la búsqueda de la verdad en ellos, o, más que la verdad, su solución.
Los problemas que hoy aquejan a la humanidad no son los religiosos, el problema del ser, etc., sino la ecología, el aborto, la clonación, la marcha de la ciencia, la ética, etc.
Por sobre todo, lo importante es el poder de síntesis, no el divague artístico.