guillermuco
Poeta recién llegado
El color púrpura
sólo pueden ser de tus dulces pechos
donde yo me escondí
de mis pesadillas
que carcomían mi día a día.
Mi ser bañado en soledad
en tristeza,
donde mis ojos veían
la muerte de la estrella más joven.
Curiosa paradoja..
El joven muere joven
el viejo muere de viejo,
y yo sigo aquí de pies,
sin morir
sin vivir.
Dejándome mecer
por el aire
que se pierde entre mis dedos.
Te envió mis letras
que no mis cuentos
ya que ellos están
escondidos en los rincones
de esta habitación.
Que gracia,
no me acordaba
que mi cuarto
era la llanura
de un desierto
donde las esquinas
yo me las invento
para esconderme
de tú única presencia.
Esa presencia
que son las fotos
los recuerdos.
Un barco que se despedía
en el muelle de una ciudad
donde seres vivientes
viven como estatuas inmóviles
que realizan movimientos.
Unos andan,
otros lloran
otros se pegan
hasta se aman.
Yo sonrió,
por qué¿?.
Porque un arcoiris se encontró
con mi cabeza llena de pájaros.
No,
eso no puede suceder,
quién cree en arcoiris
que transportan a seres mitológicos
que son más mitos que seres.
Yo no,
no puedo creer,
como tampoco inventar,
la confianza
otra cosa
de la que ya no ejerzo.
Entonces,
¿por qué me planto
en la línea de la vida
que sigue y proseguí?
con el tiempo imperceptible,
que a bocanadas
consume el día y llega a matar a la noche.
No lo sé,
¿y tú?,
sí te pregunto a ti,
¿no me estas leyendo
o acaso re-leyendo?.
Dime la respuesta
que he buscado entre los versos
entre las silabas de esas frases
que llenan las páginas
de tantos, tantos libros.
Yo esperaré aquí,
ya sabes,
como hace tanto tiempo.
Suspira la respuesta
haz que un océano
se convierta en río
el río en agua que llame a mi ventana.
Yo la abriré
y ese suspiro
se abrazará dentro de mi ser.
dándome el calor que tanto anhelo.
sólo pueden ser de tus dulces pechos
donde yo me escondí
de mis pesadillas
que carcomían mi día a día.
Mi ser bañado en soledad
en tristeza,
donde mis ojos veían
la muerte de la estrella más joven.
Curiosa paradoja..
El joven muere joven
el viejo muere de viejo,
y yo sigo aquí de pies,
sin morir
sin vivir.
Dejándome mecer
por el aire
que se pierde entre mis dedos.
Te envió mis letras
que no mis cuentos
ya que ellos están
escondidos en los rincones
de esta habitación.
Que gracia,
no me acordaba
que mi cuarto
era la llanura
de un desierto
donde las esquinas
yo me las invento
para esconderme
de tú única presencia.
Esa presencia
que son las fotos
los recuerdos.
Un barco que se despedía
en el muelle de una ciudad
donde seres vivientes
viven como estatuas inmóviles
que realizan movimientos.
Unos andan,
otros lloran
otros se pegan
hasta se aman.
Yo sonrió,
por qué¿?.
Porque un arcoiris se encontró
con mi cabeza llena de pájaros.
No,
eso no puede suceder,
quién cree en arcoiris
que transportan a seres mitológicos
que son más mitos que seres.
Yo no,
no puedo creer,
como tampoco inventar,
la confianza
otra cosa
de la que ya no ejerzo.
Entonces,
¿por qué me planto
en la línea de la vida
que sigue y proseguí?
con el tiempo imperceptible,
que a bocanadas
consume el día y llega a matar a la noche.
No lo sé,
¿y tú?,
sí te pregunto a ti,
¿no me estas leyendo
o acaso re-leyendo?.
Dime la respuesta
que he buscado entre los versos
entre las silabas de esas frases
que llenan las páginas
de tantos, tantos libros.
Yo esperaré aquí,
ya sabes,
como hace tanto tiempo.
Suspira la respuesta
haz que un océano
se convierta en río
el río en agua que llame a mi ventana.
Yo la abriré
y ese suspiro
se abrazará dentro de mi ser.
dándome el calor que tanto anhelo.