Resquicio del alma
En un resquicio del alma sueles llegar
a capotazos, que son ajenos regalos
sendas caricias que se logran encajar
en lo que creemos puede ser un pesar.
Que bien te ves cuando regresas temprano
aunándote al solsticio sobre la brisa húmeda
que se refriega sobre mí en todo un bosque florido
en toda una idolatría sobre mí tán fulgurante
como si entendieras de una buena vez
que soy el que te ama.
En un resquicio del alma sueles llegar aromática
embelezada, en la tibieza de la noche
que fue vejada por nuestros chispoteos
por todas esas formas nuevas de besar.
Que bien te ves cuando regresas temprano
como si fuera para ti la mañana sin prisas
amalgamándote en mis huesos, presurosa
incrustándole al cenáculo de amor
todo el precio de la vida
como si todo lo que te doy fuera ají y no llanto
como si todo lo que quisiéramos vivir
fuera para ellos un páramo
de esbelta indiferencia.