Jho Cereza
Poeta recién llegado
Restos Amargos
(Los unicornios son un mito)
I
Te amaba en el viento, dónde no podia tocarte.
El sonido de la lluvia rodaba en mis mejillas contemplándote.
En el apenado bullicio de mi silencio que resguardaba los amargos restos
calcinados de mi conquista te amé.
II
Muchas veces el temor de mis labios presagiaron
tu ausencia, enfrentando la verdad que arrastraba el instante cansado.
Pero el reloj nunca marco la hora pactada.
III
He relegado al olvido el mal logrado fruto der rencor.
No necesito más del erario que ahorras en tu hueco corazón.
Tu promesa será siempre un tesoro maldito
destinado para quien sucumba ante tu indigente palabra.
IV
Hoy la tierna serpiente de la esperanza
que repta sobre mi camino, sisea tu sentencia.
Cuando crucemos la puerta del juicio no habrá piedad:
Ya no llevaré a cuestas el cadáver de nuestra alianza.
(Los unicornios son un mito)
I
Te amaba en el viento, dónde no podia tocarte.
El sonido de la lluvia rodaba en mis mejillas contemplándote.
En el apenado bullicio de mi silencio que resguardaba los amargos restos
calcinados de mi conquista te amé.
II
Muchas veces el temor de mis labios presagiaron
tu ausencia, enfrentando la verdad que arrastraba el instante cansado.
Pero el reloj nunca marco la hora pactada.
III
He relegado al olvido el mal logrado fruto der rencor.
No necesito más del erario que ahorras en tu hueco corazón.
Tu promesa será siempre un tesoro maldito
destinado para quien sucumba ante tu indigente palabra.
IV
Hoy la tierna serpiente de la esperanza
que repta sobre mi camino, sisea tu sentencia.
Cuando crucemos la puerta del juicio no habrá piedad:
Ya no llevaré a cuestas el cadáver de nuestra alianza.