jose villa
Poeta que considera el portal su segunda casa
tampoco este año pude
tener por fin los huevos para dejar el puto alcohol;
ni convencer a una buena mujer para que se juntara conmigo ni
conseguir un trabajo que no fuera
el clásico trabajito pendejo e improvisado con el que no sacas
más que para ir tirando apretadamente
(dos semanas cavando zanjas o
una temporada llenando costales de limones o
rentar sombrillas en la playa durante semana santa);
ni escribir un poema que no me causara
demasiado asco después de releerlo tres veces;
no pude viajar a ninguna parte, no pude bajar la puta barriga
no pude terminar de leer guerra y paz ni la crítica de la razón pura
ni un solo libro de nietzche ni pasar del segundo capítulo
de las aventuras del quijote
-aunque me leí todos los de wallander de nuevo y
el guardián entre el centeno por veintiava vez-
no pude bajar mi promedio de pajas por semana e incluso
mucho me temo que hasta logré romper mis viejos récords de la adolescencia
-pero entonces tenías que atravesar una odisea infernal para ver porno-
no pude quitarme el estreñimiento ni cambiar un poco
la jodida dieta que sigo, a saber: café en las mañanas, fast food para comer
cerveza y whisky después de las 5 pm y ocho tacos de carne de perro asada
con mucho picante y cebolla al salir del bar a las 2 de la mañana como araña fumigada
no pude comprarme un puto lamborghini rojo (ni de ningún otro color) y por lo tanto tampoco
invitar a pasear en él a jennifer anniston que según el hola
está suicida porque no encuentra al hombre de su vida
-ni modo, mi vida; a ver si para el 2017 la cosa repunta un poco-
no pude ni siquiera cambiar mi puto nissan cuatro puertas del 98 de las cuales
las cuatro están atoradas y es por ello que
me tengo que meter al carro por la ventanilla
-y darle al switch de arranque 50 veces antes de que prenda-
no pude irme del cuarto que alquilo en la parte de atrás del corral de
una casona en la que vive un vejete ex narco o algo así que cuando se emborracha
le da por coger su ak-47 y ponerse a disparar ráfagas al aire;
no pude terminar mi curso de física nuclear de la ucla por internet
-me atasqué en la clase de introducción, cuando empezaron a hablar
del indeterminismo giratorio de los positrones antimateria-
no pude cogerme a la yesi, la más buenota y culona del california girls
que sigue diciéndome que soy un pendejo si creo
que por un poema que le escriba me va a dar las nalgas gratis cuando a cualquier otro
le saca 2000 pesos y solo por una mamada de cinco minutos
no pude cogerme a la belinda, la más buenota y culona del susodicho congal después de la yesi
que sigue diciéndome que soy un pendejo si creo
que los poemas reciclados que le recito a ella después de que la yesi me manda a la mierda
van a convencerla de que me suelte las nalgas gratis cuando hay cabrones de sobra
que por echar un rapidín en el baño le dan hasta 1500 pesos;
no pude tampoco inscribirme a un gimnasio
ni dejar el tabaco ni ayunar un día a la semana
ni visitar de vez en cuando a los enfermos en el hospital y a los presos en la cárcel ni
donar 5 pesos de mi sueldo a los niños de áfrica
-en realidad después del 1 de enero nunca volví a acordarme
ni de los enfermos ni de los presos ni de los pobrecitos niños de africa-
no pude acostumbrarme a mirarme al espejo cada mañana durante diez minutos
para repetir veinte veces ante mi reflejo el mantra de los triunfadores:
"tú puedes lograr todo lo que te propongas este día, tú eres un campeón, tú eres el número uno"
(lo intenté una docena de veces y acabé vomitándome cada vez que lo intenté)
no pude, a fin de cuentas, cambiar en lo más mínimo
ni los vicios ni los defectos ni las manías ni las jodidas costumbres
que desde hace ya una infinidad de años vengo cultivando
y que seguro el siguiente no harán más que empeorar
.
tener por fin los huevos para dejar el puto alcohol;
ni convencer a una buena mujer para que se juntara conmigo ni
conseguir un trabajo que no fuera
el clásico trabajito pendejo e improvisado con el que no sacas
más que para ir tirando apretadamente
(dos semanas cavando zanjas o
una temporada llenando costales de limones o
rentar sombrillas en la playa durante semana santa);
ni escribir un poema que no me causara
demasiado asco después de releerlo tres veces;
no pude viajar a ninguna parte, no pude bajar la puta barriga
no pude terminar de leer guerra y paz ni la crítica de la razón pura
ni un solo libro de nietzche ni pasar del segundo capítulo
de las aventuras del quijote
-aunque me leí todos los de wallander de nuevo y
el guardián entre el centeno por veintiava vez-
no pude bajar mi promedio de pajas por semana e incluso
mucho me temo que hasta logré romper mis viejos récords de la adolescencia
-pero entonces tenías que atravesar una odisea infernal para ver porno-
no pude quitarme el estreñimiento ni cambiar un poco
la jodida dieta que sigo, a saber: café en las mañanas, fast food para comer
cerveza y whisky después de las 5 pm y ocho tacos de carne de perro asada
con mucho picante y cebolla al salir del bar a las 2 de la mañana como araña fumigada
no pude comprarme un puto lamborghini rojo (ni de ningún otro color) y por lo tanto tampoco
invitar a pasear en él a jennifer anniston que según el hola
está suicida porque no encuentra al hombre de su vida
-ni modo, mi vida; a ver si para el 2017 la cosa repunta un poco-
no pude ni siquiera cambiar mi puto nissan cuatro puertas del 98 de las cuales
las cuatro están atoradas y es por ello que
me tengo que meter al carro por la ventanilla
-y darle al switch de arranque 50 veces antes de que prenda-
no pude irme del cuarto que alquilo en la parte de atrás del corral de
una casona en la que vive un vejete ex narco o algo así que cuando se emborracha
le da por coger su ak-47 y ponerse a disparar ráfagas al aire;
no pude terminar mi curso de física nuclear de la ucla por internet
-me atasqué en la clase de introducción, cuando empezaron a hablar
del indeterminismo giratorio de los positrones antimateria-
no pude cogerme a la yesi, la más buenota y culona del california girls
que sigue diciéndome que soy un pendejo si creo
que por un poema que le escriba me va a dar las nalgas gratis cuando a cualquier otro
le saca 2000 pesos y solo por una mamada de cinco minutos
no pude cogerme a la belinda, la más buenota y culona del susodicho congal después de la yesi
que sigue diciéndome que soy un pendejo si creo
que los poemas reciclados que le recito a ella después de que la yesi me manda a la mierda
van a convencerla de que me suelte las nalgas gratis cuando hay cabrones de sobra
que por echar un rapidín en el baño le dan hasta 1500 pesos;
no pude tampoco inscribirme a un gimnasio
ni dejar el tabaco ni ayunar un día a la semana
ni visitar de vez en cuando a los enfermos en el hospital y a los presos en la cárcel ni
donar 5 pesos de mi sueldo a los niños de áfrica
-en realidad después del 1 de enero nunca volví a acordarme
ni de los enfermos ni de los presos ni de los pobrecitos niños de africa-
no pude acostumbrarme a mirarme al espejo cada mañana durante diez minutos
para repetir veinte veces ante mi reflejo el mantra de los triunfadores:
"tú puedes lograr todo lo que te propongas este día, tú eres un campeón, tú eres el número uno"
(lo intenté una docena de veces y acabé vomitándome cada vez que lo intenté)
no pude, a fin de cuentas, cambiar en lo más mínimo
ni los vicios ni los defectos ni las manías ni las jodidas costumbres
que desde hace ya una infinidad de años vengo cultivando
y que seguro el siguiente no harán más que empeorar
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