Mario Francisco LG
Un error en la Matrix
Resurrección en las penumbras
Por El Chalet de un Jorobado y Ashera
Por El Chalet de un Jorobado y Ashera
****
Se vuelven
contables las horas
e incontables
los delirios.
Buscando en la
penumbra
el lirio azul,
que abandoné
en el camino.
Los sueños se
vuelven sombras
y los miedos
prevalecen
en suicidios.
Mientras busco
los capullos
de la zozobra,
que conmutan mi destino
Las manos se evaporizan
como el líquido
misterio,
que no soporta la fe
Y en la vereda
donde se esparce
aquel edén,
la muerte impaciente
me espera sin ceder
un día más de vida
en su sostén.
Mientras se intercambian
besos ajenos nuestros ojos,
en su mirar
Los fríos cimientos
se abrirán
para acariciar el destierro
de nuestra alma lunática.
Somos, la vida incomprensible
que no deseamos,
pero no la dejamos de ver
Somos la sombra
efímera,
que un mortal
jamás tendrá.
los dedos marchitos,
disueltos en vasos
imaginarios de alcohol.
La sed mortal
de beber,
ese vino exquisito,
hasta embriagarnos
con la humildad de nuestro dolor
hasta vernos morar en su corazón.
El milagro tenue
galopa en nuestra
mente,
solicitando a nuestro
débil cuerpo,
que se cicatriza enfermo,
sobreviva tiempo después
de nuestra muerte.
Encontrando ahí,
muestras manos pálidas
y sombrías,
sosteniendo nuestra alma
y corazón
a la tenaz muerte
que se ensaña sin razón.
contables las horas
e incontables
los delirios.
Buscando en la
penumbra
el lirio azul,
que abandoné
en el camino.
Los sueños se
vuelven sombras
y los miedos
prevalecen
en suicidios.
Mientras busco
los capullos
de la zozobra,
que conmutan mi destino
Las manos se evaporizan
como el líquido
misterio,
que no soporta la fe
Y en la vereda
donde se esparce
aquel edén,
la muerte impaciente
me espera sin ceder
un día más de vida
en su sostén.
Mientras se intercambian
besos ajenos nuestros ojos,
en su mirar
Los fríos cimientos
se abrirán
para acariciar el destierro
de nuestra alma lunática.
Somos, la vida incomprensible
que no deseamos,
pero no la dejamos de ver
Somos la sombra
efímera,
que un mortal
jamás tendrá.
los dedos marchitos,
disueltos en vasos
imaginarios de alcohol.
La sed mortal
de beber,
ese vino exquisito,
hasta embriagarnos
con la humildad de nuestro dolor
hasta vernos morar en su corazón.
El milagro tenue
galopa en nuestra
mente,
solicitando a nuestro
débil cuerpo,
que se cicatriza enfermo,
sobreviva tiempo después
de nuestra muerte.
Encontrando ahí,
muestras manos pálidas
y sombrías,
sosteniendo nuestra alma
y corazón
a la tenaz muerte
que se ensaña sin razón.
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Andrés Amendizabal Corazón de Loba
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