RESURREXIT
Cayendo hacia un fuego lunar
desde el alto precipicio de la noche
voy dejando versos y delirios
entre los abruptos contrastes de las sombras.
Soy la hora en la que soy, apenas música.
Me crezco como en espasmos
hacia mi interior inexistente: puro vacío
mientras el mar me espera acogedor.
Brillan mis ojos nocturnales como zafiros en flor
arañando con sus ásperos modales
las dulces miradas que dirijo a las flores
cautivas del silencio: todo es ruina.
Mi cielo, el que me aguarda tras la noche,
solamente es una franja apenas ensartada
por murciélagos y peces voladores
¿quien la sujeta a los muros desolados?
Ya han traído mi mortaja de estameña
con los rojos bordados sobre el pecho
para que todos conozcan
mi lastimera condición humana.
Pero en una insuperable contradicción
el número que me asignan es el 666,
el número de la Bestia y yo lo acepto.
Noble destino demoníacamente humano.
Hasta ahora las caricias de los pétalos
o de las fructíferas zarzas encrespadas
me eran suficientes para aplacar mi sed,
Hoy, en mi caída, busco la cálida sangre.
Sangre que haré mía, la sangre del poeta,
para irrigar este campo desolado tal que luna
que no concita miradas enamoradas:
satélite irredento y sin latido. Así yo.
De mi nacerán las nuevas generaciones
de cantores de la Vida: soy simiente.
Con mi sangre, que es la vuestra,
haremos a los dioses la ofrenda suprema
Y seremos perdonados.
Francis Bacon.- “Painting of dog, 1952” Tomado de Pinterest.
Cayendo hacia un fuego lunar
desde el alto precipicio de la noche
voy dejando versos y delirios
entre los abruptos contrastes de las sombras.
Soy la hora en la que soy, apenas música.
Me crezco como en espasmos
hacia mi interior inexistente: puro vacío
mientras el mar me espera acogedor.
Brillan mis ojos nocturnales como zafiros en flor
arañando con sus ásperos modales
las dulces miradas que dirijo a las flores
cautivas del silencio: todo es ruina.
Mi cielo, el que me aguarda tras la noche,
solamente es una franja apenas ensartada
por murciélagos y peces voladores
¿quien la sujeta a los muros desolados?
Ya han traído mi mortaja de estameña
con los rojos bordados sobre el pecho
para que todos conozcan
mi lastimera condición humana.
Pero en una insuperable contradicción
el número que me asignan es el 666,
el número de la Bestia y yo lo acepto.
Noble destino demoníacamente humano.
Hasta ahora las caricias de los pétalos
o de las fructíferas zarzas encrespadas
me eran suficientes para aplacar mi sed,
Hoy, en mi caída, busco la cálida sangre.
Sangre que haré mía, la sangre del poeta,
para irrigar este campo desolado tal que luna
que no concita miradas enamoradas:
satélite irredento y sin latido. Así yo.
De mi nacerán las nuevas generaciones
de cantores de la Vida: soy simiente.
Con mi sangre, que es la vuestra,
haremos a los dioses la ofrenda suprema
Y seremos perdonados.
Francis Bacon.- “Painting of dog, 1952” Tomado de Pinterest.