Luna Lanerb
Poeta recién llegado
Retazos de primavera
Camino lentamente por las calles por las que un día caminábamos juntos,
notando aún tu mano entrelazada con la mía,
con fuerza, como si no quisieras que me fuese nunca.
Oigo tu risa en cualquier rincón y me sorprendo a mí misma esperando de nuevo que sea real,
aunque siempre termina siendo una mala jugada de mi mente,
que te sigue echando de menos a cada momento.
Piso las hojas secas que caen al suelo,
y al romperse suenan igual que nuestro hasta luego,
que finalmente, acabó siendo una despedida.
Echo de menos la primavera,
decirte que me estaba muriendo de frío aunque hiciera el calor más insoportable del mundo,
sólo como excusa para que me abrazaras,
mientras que ahora es realmente cuando el frío está acabando conmigo.
Los árboles gritan que les devuelvas su manto de nuevo,
y yo intento pegar todas sus hojas para que vuelva la primavera,
para que volvamos a ver juntos cómo florecen.
A cada momento retraso las agujas del reloj con mis dedos hasta la hora en la que aún estabas conmigo,
y sin embargo nada cambia,
el reloj sigue avanzando, pero no vuelves a mi lado.
Me pongo mi mejor sonrisa en la cara y salgo una y otra vez al parque donde nos conocimos,
para ver si ya has vuelto,
para preguntarte si me has echado tanto de menos como yo a ti,
pero siempre lo encuentro vacío de ti, a pesar de estar repleto de gente.
Creo verte pasear por las calles que se encuentran cerca de mi casa,
y te llamo a voces, pero nunca eres tú,
nunca te giras para darme un abrazo,
para decirme que estabas casi al borde de un ataque de nervios por no encontrarme.
Y finalmente,
vuelvo a casa otro día más, cansada de buscarte,
cansada de pensar que puedas volver algún día.
Es entonces cuando llega la hora de ir a la cama
y cojo mi sábana favorita,
aquella hecha de retazos de primavera,
aquella que construímos juntos,
y es en ese momento en el que verdaderamente echo de menos la que se convirtió en mi estación favorita,
pero sobre todo, nuestro amor de primavera.
Camino lentamente por las calles por las que un día caminábamos juntos,
notando aún tu mano entrelazada con la mía,
con fuerza, como si no quisieras que me fuese nunca.
Oigo tu risa en cualquier rincón y me sorprendo a mí misma esperando de nuevo que sea real,
aunque siempre termina siendo una mala jugada de mi mente,
que te sigue echando de menos a cada momento.
Piso las hojas secas que caen al suelo,
y al romperse suenan igual que nuestro hasta luego,
que finalmente, acabó siendo una despedida.
Echo de menos la primavera,
decirte que me estaba muriendo de frío aunque hiciera el calor más insoportable del mundo,
sólo como excusa para que me abrazaras,
mientras que ahora es realmente cuando el frío está acabando conmigo.
Los árboles gritan que les devuelvas su manto de nuevo,
y yo intento pegar todas sus hojas para que vuelva la primavera,
para que volvamos a ver juntos cómo florecen.
A cada momento retraso las agujas del reloj con mis dedos hasta la hora en la que aún estabas conmigo,
y sin embargo nada cambia,
el reloj sigue avanzando, pero no vuelves a mi lado.
Me pongo mi mejor sonrisa en la cara y salgo una y otra vez al parque donde nos conocimos,
para ver si ya has vuelto,
para preguntarte si me has echado tanto de menos como yo a ti,
pero siempre lo encuentro vacío de ti, a pesar de estar repleto de gente.
Creo verte pasear por las calles que se encuentran cerca de mi casa,
y te llamo a voces, pero nunca eres tú,
nunca te giras para darme un abrazo,
para decirme que estabas casi al borde de un ataque de nervios por no encontrarme.
Y finalmente,
vuelvo a casa otro día más, cansada de buscarte,
cansada de pensar que puedas volver algún día.
Es entonces cuando llega la hora de ir a la cama
y cojo mi sábana favorita,
aquella hecha de retazos de primavera,
aquella que construímos juntos,
y es en ese momento en el que verdaderamente echo de menos la que se convirtió en mi estación favorita,
pero sobre todo, nuestro amor de primavera.