Ricardo López Castro
*Deuteronómico*
Los témpanos colmados de gargantas
soltaban sus gárgaras -vestiduras regurgitadas-,
cuando el árbol dormía -vestigios congregados y en camisa-
su otoñal osadía, como un ciego relámpago -Subía desde el subsuelo-.
Amaestrados buitres migraban al vacío -Botella sin mensaje-,
en la noche, tornado de girasoles.
Viaje al fondo del betún -la penúltima capa del relieve-,
mientras los cuadros visitaban museos -Rostros recuperados del espejo-,
y una voz rezagada, a la vanguardia del arte -Cambio insustancial de la esencia-.
Dos bocas compartían la luna -Lenguas de fuego, o burbujas de aire-,
cuando los aullidos cesaron por la extinción del sonido -Velocidad autónoma de la fotosíntesis-,
los hologramas descansaban su osamenta entre frívolas muescas -Cuchillo para untar recuerdos en el agua-,
tu nombre con el mío, congelados como un murciélago en la sombra -Se encendía una vela en el océano-,
como un día decrépito, estrellado contra el cielo -Saltabas en los charcos como una piedra sin canto-,
mientras en el augurio resonaban las cuerdas de un violín -Abismo de impropiedades-.
Y perdidos nos hicimos estatua de cemento -Y en tu aliento desapareció el paisaje-.