JAIME
Poeta adicto al portal
Retorno vernal
Luz,
cuánta luz hay afuera
en este islote patagónico.
No es isla de aguas, es isla
de campos eternos,
verdes y vírgenes campos:
corazas de hielo en flor.
Tierno verde que vuelve
en manantiales de deshielo
y te gobierna austral,
a ti, tierra de vastos misterios.
Cómo buscas tú tus pretextos
para volver una vez más:
caer desde el cielo en polen,
nacer de la tierra en silvestres frutillas;
milenaria y cabalgante en tu corcel
de nutrida primavera.
Un manto florido que sube
como enredaderas hasta las copas:
pistilo dulce,
nube solitaria y lenga.
Cuna de nívea vida,
musgo en cascadas ocultas,
fragancias del verdegal que emergen
en tu aire convulso.
Relinchos lejanos
de mínima presencia, de entes
que habitan indomables,
forjados desde el témpano
o fundidos de humo y lava.
Verticales bosques de ciprés
tras el renaciente lienzo en flor:
mil fragancias embriagantes
que me desbordan extasiado.
Y sobre todo
Yo,
abajo mis
pies como raíces que
me anclan a mi tierra:
solitario y contemplante.
Magnífica sinfonía
de gorjeos delirantes,
zumbidos de avispa y rodadas
no sé dónde.
Humedad sobre humedad,
roca sobre roca,
álamos como llamas, mañío
tras mañío.
Y detrás de todo tú
que vuelves aromática,
halada de otra primavera
y encontrando tus pretextos.
cuánta luz hay afuera
en este islote patagónico.
No es isla de aguas, es isla
de campos eternos,
verdes y vírgenes campos:
corazas de hielo en flor.
Tierno verde que vuelve
en manantiales de deshielo
y te gobierna austral,
a ti, tierra de vastos misterios.
Cómo buscas tú tus pretextos
para volver una vez más:
caer desde el cielo en polen,
nacer de la tierra en silvestres frutillas;
milenaria y cabalgante en tu corcel
de nutrida primavera.
Un manto florido que sube
como enredaderas hasta las copas:
pistilo dulce,
nube solitaria y lenga.
Cuna de nívea vida,
musgo en cascadas ocultas,
fragancias del verdegal que emergen
en tu aire convulso.
Relinchos lejanos
de mínima presencia, de entes
que habitan indomables,
forjados desde el témpano
o fundidos de humo y lava.
Verticales bosques de ciprés
tras el renaciente lienzo en flor:
mil fragancias embriagantes
que me desbordan extasiado.
Y sobre todo
Yo,
abajo mis
pies como raíces que
me anclan a mi tierra:
solitario y contemplante.
Magnífica sinfonía
de gorjeos delirantes,
zumbidos de avispa y rodadas
no sé dónde.
Humedad sobre humedad,
roca sobre roca,
álamos como llamas, mañío
tras mañío.
Y detrás de todo tú
que vuelves aromática,
halada de otra primavera
y encontrando tus pretextos.