Cobijada por el cielo
entre nublado y estrellado
arrullada por el canto de angelitos
blancos y negros
con ese exquisito placer de silencio suavemente sonoro
en la pureza del campo más profundo,
duerme acurrucada la reina del instante
de cara al tiempo que le venga,
encogida y risueña a fuerza de no caer mal
suspira entre sueños
anida nostalgias en silencio
y muy coqueta extiende su abrazo.
Todavía siente que se alejan
los acordes que acarician,
las pisadas de adoquín
y las voces melodiosas del sereno,
cada vez más quedas,
con la esperanza de que crezcan
en señal de retorno,
una más,
solo una más
Una voz no esperada destroza la escena
justo en el medio giro del desvarío.
¡Qué va!
Ya no es más la elegida
que se inquieta en el balcón de la esquina.
La espantan sus manos
y le recuerdan que no recuerda
más que el amor de su amor
ayer
entre nublado y estrellado
arrullada por el canto de angelitos
blancos y negros
con ese exquisito placer de silencio suavemente sonoro
en la pureza del campo más profundo,
duerme acurrucada la reina del instante
de cara al tiempo que le venga,
encogida y risueña a fuerza de no caer mal
suspira entre sueños
anida nostalgias en silencio
y muy coqueta extiende su abrazo.
Todavía siente que se alejan
los acordes que acarician,
las pisadas de adoquín
y las voces melodiosas del sereno,
cada vez más quedas,
con la esperanza de que crezcan
en señal de retorno,
una más,
solo una más
Una voz no esperada destroza la escena
justo en el medio giro del desvarío.
¡Qué va!
Ya no es más la elegida
que se inquieta en el balcón de la esquina.
La espantan sus manos
y le recuerdan que no recuerda
más que el amor de su amor
ayer