gilbran
Ernesto Salgari
Recostado
en diván otoñal
el ocaso maúlla
encorvando su lomo amarillo
de hojarascas y brumas,
pasa rauda,
una brisa odalisca
colgando en las nubes
velos tornasoles
y monedas tibias.
Colosal,
el respiro felino
de un trueno
hizo trizas,
el cristal
que lucía en el cielo
tu mirada honda
teñida de sepia;
entre tanto,
en las eléctricas zarpas
de un rayo
se enredan madejas
de nubes
hinchadas de lluvia,
que simulan
traslúcidos juncos
meciéndose a ras de la tierra.
En bandada,
un sinfín de gorriones
colmados de trinos,
sobrevuelan
tu pecho
alondra dormida
y remueven osados
el prodigio nidal
de tus rimas,
las que adoro
leer en silencio
reclinada mi alma
bajo un claro de luna.
en diván otoñal
el ocaso maúlla
encorvando su lomo amarillo
de hojarascas y brumas,
pasa rauda,
una brisa odalisca
colgando en las nubes
velos tornasoles
y monedas tibias.
Colosal,
el respiro felino
de un trueno
hizo trizas,
el cristal
que lucía en el cielo
tu mirada honda
teñida de sepia;
entre tanto,
en las eléctricas zarpas
de un rayo
se enredan madejas
de nubes
hinchadas de lluvia,
que simulan
traslúcidos juncos
meciéndose a ras de la tierra.
En bandada,
un sinfín de gorriones
colmados de trinos,
sobrevuelan
tu pecho
alondra dormida
y remueven osados
el prodigio nidal
de tus rimas,
las que adoro
leer en silencio
reclinada mi alma
bajo un claro de luna.
Última edición: