Retrato de un bello atardecer
Desde la terraza, observa embelesada, el paisaje de otro atardecer lleno de matices en el pueblecito costero donde disfruta plácidamente del otoño de su vida. Quiere ralentizar en tiempo, que el otoño sea largo, muy largo, antes que lleguen la primeras ventiscas que preceden a las duras heladas del invierno.
A nadie le extrañaba ya su idilio con el mar que siempre pregonó a los cuatro vientos. Hoy cumple por fin esa vieja promesa de jubilarse a sus orillas, al abrigo de las montañas.
El mar, su amado mar, lucia esta tarde singularmente bello; salpicado de pequeñas barquichuelas que parecían bordar de colores su falda marinera meciéndose al arrullo de sus mansas aguas. Las gaviotas, gritaban alborotadas y se lanzaban al festín que ofrecían los peces atrapados en las redes que los pescadores recogían al terminar la jornada. El sol derramó entonces una estela de oro sobre el mar que, trazando un camino, se perdió en el horizonte; luego se despidió con un autentico festival de colores.
Una mariposa monarca,pérdida,la distrajo al posarse en la barandilla de la terraza extendiendo sus alas; Pancho, su gato, pareció salir de un largo letargo, estiró las patas con su pereza habitual , se incorporó y lentamente se acercó, con su andar indolente, a echar un vistazo a la intrusa; la observó unos instantes con indiferencia y se dio la vuelta; regresó con el mismo paso, sin prisas, a su lugar de descanso y tumbándose panza arriba se dejó acariciar por los últimos rayos de sol.
La tarde poco a poco se vistió de noche; Sobre la mesa, un cuaderno de notas, el bolígrafo y la máquina fotográfica, hoy se sienten olvidados, pero ellos ya conocen de su vieja pasión por los atardeceres junto al mar.
Desde la terraza, observa embelesada, el paisaje de otro atardecer lleno de matices en el pueblecito costero donde disfruta plácidamente del otoño de su vida. Quiere ralentizar en tiempo, que el otoño sea largo, muy largo, antes que lleguen la primeras ventiscas que preceden a las duras heladas del invierno.
A nadie le extrañaba ya su idilio con el mar que siempre pregonó a los cuatro vientos. Hoy cumple por fin esa vieja promesa de jubilarse a sus orillas, al abrigo de las montañas.
El mar, su amado mar, lucia esta tarde singularmente bello; salpicado de pequeñas barquichuelas que parecían bordar de colores su falda marinera meciéndose al arrullo de sus mansas aguas. Las gaviotas, gritaban alborotadas y se lanzaban al festín que ofrecían los peces atrapados en las redes que los pescadores recogían al terminar la jornada. El sol derramó entonces una estela de oro sobre el mar que, trazando un camino, se perdió en el horizonte; luego se despidió con un autentico festival de colores.
Una mariposa monarca,pérdida,la distrajo al posarse en la barandilla de la terraza extendiendo sus alas; Pancho, su gato, pareció salir de un largo letargo, estiró las patas con su pereza habitual , se incorporó y lentamente se acercó, con su andar indolente, a echar un vistazo a la intrusa; la observó unos instantes con indiferencia y se dio la vuelta; regresó con el mismo paso, sin prisas, a su lugar de descanso y tumbándose panza arriba se dejó acariciar por los últimos rayos de sol.
La tarde poco a poco se vistió de noche; Sobre la mesa, un cuaderno de notas, el bolígrafo y la máquina fotográfica, hoy se sienten olvidados, pero ellos ya conocen de su vieja pasión por los atardeceres junto al mar.
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