Reunión de antiguos compañeros

Tomasa

Poeta recién llegado
No ha sido buena idea meterse
en este berenjenal.

Todas las tías tienen cara
de acelga cocida,
de Orfidal,
de tengo gatos
por no llorar.

Los tíos son una elegía
a la vulgaridad con alopecia,
el logo chusco del fracaso
disfrazado de cordialidad
y buenrollismo canallita
pero cuarentón.

Lo mires por donde lo mires,
este sitio está a reventar de secuelas.

¿Qué coño hago aquí?

La última vez que vi a esta gente
tenía 17 años; es obvio
que no nos conocemos.

Esto es una cita a ciegas colectiva;
apenas reconozco a unos cuantos,
es perturbador, necesito agarrarme
con fuerza a una cerveza.

Si Llados estuviera aquí,
procedería a repartir palos
como Cristo con los mercaderes del templo.

La conversación se extiende
como el fuego por la yesca.

Todo el mundo lleva mucha vida encima,
tienen la boca llena de opiniones.

Alguien me pregunta qué hice este tiempo,
y no se me ocurre otra cosa
que haberme sobrevivido a mí mismo,
lo que por supuesto no menciono.

De pronto hay algo en el aire,
un entrelazamiento de miradas,
una idea inexpresada y compartida
circulando entre nosotros
como un fantasma que va cobrando forma
pero no se atreve a hacer ruido:

todos hemos llegado al mismo punto
en que uno se da cuenta que la vida
es una estafa piramidal
y ya es tarde.

De repente no hay lugar
para el disimulo.

Es como si nos hubiéramos
quedado en la estacada
en un mismo instante
oscuro y cínico.

Por fuera del local
se escuchan las risas
de los adolescentes.
 
Última edición:
No ha sido buena idea meterse
en este berenjenal.

Todas las tías tienen cara
de acelga cocida,
de Orfidal,
de tengo gatos
por no llorar.

Los tíos son una elegía
a la vulgaridad con alopecia,
el logo chusco del fracaso
disfrazado de cordialidad
y buenrollismo canallita
pero cuarentón.

Lo mires por donde lo mires,
este sitio está a reventar de secuelas.

¿Qué coño hago aquí?

La última vez que vi a esta gente
tenía 17 años; es obvio
que no nos conocemos.

Esto es una cita a ciegas colectiva;
apenas reconozco a unos cuantos,
es perturbador, necesito agarrarme
con fuerza a una cerveza.

Si Llados estuviera aquí,
procedería a repartir palos
como Cristo con los mercaderes del templo.

La conversación prende y se extiende
igual que el fuego por la yesca.

Todo el mundo lleva mucha vida encima,
tienen la boca llena de opiniones.

Alguien me pregunta qué hice este tiempo,
y no se me ocurre otra cosa
que haber sobrevivido a mí mismo,
lo que por supuesto no menciono.

De pronto hay algo en el aire,
un entrelazamiento de miradas,
una idea inexpresada y compartida
circulando entre nosotros
como un fantasma que va cobrando forma
pero no se atreve a hacer ruido:

todos hemos llegado al mismo punto
en que uno se da cuenta que la vida
es una estafa piramidal
y ya es tarde.

De repente no hay lugar
para el disimulo.

Es como si nos hubiéramos
quedado en la estacada
en un mismo instante
cínico y oscuro.

Por fuera del local
se escuchan las risas
de los adolescentes.
Muy bueno.

Saludos
 

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