Reunión

daniel amaya

Poeta fiel al portal
I

¡Ella leyó: todo lo que dice esta tarjeta
y mucho más significas para mí,
eres el mejor y más especial de todos
los amigos que tengo en la vida,
no sé qué tienes en ese corazón tan grande,
pero me inspiras un montón de cosas lindas!.


Ella leyó doliéndose su cicatriz de invierno,
un enjambre de abejas en la garganta
trató de derrotar la serenidad de las palabras,
entrecortando su respiración
intercalando la lucidez, el llanto y las palabras,
de poco se habla en la huida mental
de los escombros que se acumulan próximos,
y la barrera de los llantos sumergen
al alma como desamparados en la intemperie.
Él la escuchó como un grabado
desbordado en cada tono de sus palabras,
tal vez la muerte toca puertas en el corazón afligido
el llanto expectante oye detrás de muros
como al tiempo instigando mareas en una fotografía.




II parte

¡Ella trató de continuar: ahora que te vas
y se acerca el momento de separarnos,
quiero que sepas que creo en ti y en todo
lo que eres capaz de hacer!


La marea sube dentro de un tazón de cristal,
el aliento se agota en los cascotes acumulados,
¡ella no pudo leer!
la tristeza danzó en sus fuerzas
como un títere obediente de deseos ,
sus lágrimas caían como lanzas al alma,
las palabras no atracaban con naturalidad
en el trecho tendido de la espera,
¡no podía!
como castigo a los delitos surcados en las venas.


Él balanceaba la mirada
entre timidez y tristeza,
no hacía falta que ella leyera,
ni tampoco lo que quería decirle,
o lo que había en la tarjeta,
a veces se respeta el paso de las nubes
hacia su morada lejana de la tierra,
los recuerdos yacen acumulados en las grietas
donde hiere el alma, imborrable, inamovible
resquebrajado, inolvidable,

todo…


III parte


Entonces él siguió leyendo para sí mismo:
pero si algún día te hago falta,
si no puedes con algo
aquí estaré siempre para ayudarte,
quererte, ¡cuenta conmigo en todo lo que necesites!


Destilan en los sueños orbes aparecidos
de las velas apagadas,
tal vez las cosas que tienen final
brotan en nuevos capullos,
y la más de las remotas dudas
se ahoga en los poros del suelo,
¡nada más!
Él la ama...


Los límites del suelo
quebrantan la mirada confusa
del corazón marchito,
ella quizás discute su huida
a los laberintos que le esperan
en él, puesto que el amor no se discute.

En el mundo del silencio
los deseos hablan como un ejército aturdidor
en los reinos que se conquistan perdidos,
Y perdida es la nostalgia que se busca
en los terrenos mundanos del corazón.


IV parte


Finalmente él terminó de leer,
era tal vez lo más bello
que haya leído en su vida,
eran palabras muy sencillas,
de hecho eran muy comunes,
ni siquiera eran palabras que nadie
nunca hubiese dicho antes,
pero eran palabras desbordadas de sentimientos,
que ni las mismas palabras la podían sostener.


Lo que él leyó fueron las siguientes líneas:
No quiero perderte mi Dani
te quiero muchísimo
y siempre serás parte de mi vida…


Sólo la pudo ver y no pudo llorar,
no como ella claro,
hay quienes se pierden dentro
de su mismo pantano
y la luz que enmarca la vida
titila en sus helechos taciturnos,
la ventanas están quebradas de luna
plateada y de noches frías,
se siente el peso duradero de lo prohibido
en los laberintos,
siempre estará con ella,
tal vez nunca la tendrá
…​
 
I

¡Ella leyó: todo lo que dice esta tarjeta
y mucho más significas para mí,
eres el mejor y más especial de todos
los amigos que tengo en la vida,
no sé qué tienes en ese corazón tan grande,
pero me inspiras un montón de cosas lindas!.


Ella leyó doliéndose su cicatriz de invierno,
un enjambre de abejas en la garganta
trató de derrotar la serenidad de las palabras,
entrecortando su respiración
intercalando la lucidez, el llanto y las palabras,
de poco se habla en la huida mental
de los escombros que se acumulan próximos,
y la barrera de los llantos sumergen
al alma como desamparados en la intemperie.
Él la escuchó como un grabado
desbordado en cada tono de sus palabras,
tal vez la muerte toca puertas en el corazón afligido
el llanto expectante oye detrás de muros
como al tiempo instigando mareas en una fotografía.




II parte

¡Ella trató de continuar: ahora que te vas
y se acerca el momento de separarnos,
quiero que sepas que creo en ti y en todo
lo que eres capaz de hacer!


La marea sube dentro de un tazón de cristal,
el aliento se agota en los cascotes acumulados,
¡ella no pudo leer!
la tristeza danzó en sus fuerzas
como un títere obediente de deseos ,
sus lágrimas caían como lanzas al alma,
las palabras no atracaban con naturalidad
en el trecho tendido de la espera,
¡no podía!
como castigo a los delitos surcados en las venas.


Él balanceaba la mirada
entre timidez y tristeza,
no hacía falta que ella leyera,
ni tampoco lo que quería decirle,
o lo que había en la tarjeta,
a veces se respeta el paso de las nubes
hacia su morada lejana de la tierra,
los recuerdos yacen acumulados en las grietas
donde hiere el alma, imborrable, inamovible
resquebrajado, inolvidable,

todo…



III parte


Entonces él siguió leyendo para sí mismo:
pero si algún día te hago falta,
si no puedes con algo
aquí estaré siempre para ayudarte,
quererte, ¡cuenta conmigo en todo lo que necesites!


Destilan en los sueños orbes aparecidos
de las velas apagadas,
tal vez las cosas que tienen final
brotan en nuevos capullos,
y la más de las remotas dudas
se ahoga en los poros del suelo,
¡nada más!
Él la ama...


Los límites del suelo
quebrantan la mirada confusa
del corazón marchito,
ella quizás discute su huida
a los laberintos que le esperan
en él, puesto que el amor no se discute.

En el mundo del silencio
los deseos hablan como un ejército aturdidor
en los reinos que se conquistan perdidos,
Y perdida es la nostalgia que se busca
en los terrenos mundanos del corazón.



IV parte


Finalmente él terminó de leer,
era tal vez lo más bello
que haya leído en su vida,
eran palabras muy sencillas,
de hecho eran muy comunes,
ni siquiera eran palabras que nadie
nunca hubiese dicho antes,
pero eran palabras desbordadas de sentimientos,
que ni las mismas palabras la podían sostener.


Lo que él leyó fueron las siguientes líneas:
No quiero perderte mi Dani
te quiero muchísimo
y siempre serás parte de mi vida…


Sólo la pudo ver y no pudo llorar,
no como ella claro,
hay quienes se pierden dentro
de su mismo pantano
y la luz que enmarca la vida
titila en sus helechos taciturnos,
la ventanas están quebradas de luna
plateada y de noches frías,
se siente el peso duradero de lo prohibido
en los laberintos,
siempre estará con ella,
tal vez nunca la tendrá
…​
Un vínculo que, pese a la distancia y al dolor, permanece inquebrantable y eterno.

Saludos
 

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