REYERTA
En su mirada vidriosa
no le quedaba ya vida.
La reyerta comenzaba
por el amor que sentía.
En los barrios de Catanga
intervienen las Familias,
y su discreto noviazgo
se clavaba como espina.
Tres hermanos lo asaltaban
con sus tres navajas listas,
y en su pecho y en su espalda
dejaban mortal herida.
No se le oyó ni un gemido,
en su boca una sonrisa,
sus heridas eran rosas
moribundas y marchitas.
Y en su cara ladeada
todavía se adivina
que el muchacho recordaba
a la morena chiquilla.
xxx
Churrete