Reza...

Engel, la verdad me han impactado tus letras en prosa no soy experta pero le hago caso a mi lado sensible y me he dejado conmover por lo que representa...he visto esos dedos deformados orando por sus hijos y sus nietos en el silencio de los días que se apagan.
te dejo un abrazo grande
ladulce c zza

Gracias, estimada poetisa. Un placer contar con tu huella en este escrito.
Fuerte abrazo.
 

...y para rezar hay que elevar el cuerpo, la vida entera entrando en la mirada hacia esa luz tan misteriosa y tan sencilla, hacia esa palabra verdadera, y cuando te desnudas en ella y alzas la promesa, sientes la verdad del aire. Es el color del cielo, es el aroma de la verdad. La columna del alma.

Aquí está el polvo del tiempo y sus arrugas. Está el tiempo en esta mujer marchitada. O dicho debidamente: está sobre la mujer el tiempo sin ganas de continuar siendo tiempo. Sin que resulte demasiado lúgubre iré contando que esta mujer rendida de años, quiere hablar con Dios. Entrelaza los dedos de sus manos sobre el rosario. Se recoge entre los párpados cerrados y bajo una espera. El recogimiento le borra las muecas de los ojos algo espantados, tiene las pestañas ensortijadas y la boca en un gesto parado. El cuarto está callado, también el olor reciente sobre una historia acabada. Se sabe dentro de lo que prácticamente no existe. Sin embargo, no acaba de zanjar su querella con el tiempo. La vejez no le importa. Vieja ha sido desde los veinte años, pero esto de ahora de sentirse como un trasto inservible, estremece su pensamiento. Decididamente está rezando. ¿Escuchará alguien su mensaje? Decididamente cree que existe el más allá. Que existen cielos sin soledad llenos de esperanza. Por su inmovilidad deduzco que reza debajo de las lágrimas. Bajo, bajito...

Que delicadamente hermoso.........Un abrazo.
 
Hay un tiempo para crear y esas manos rebosan vida, la primera imagen es épica, envuelven una esperanza a la que asirse por falta de amor o no, pero me atrevería a decir que casi siempre la necesidad de creer es proporcional a la necesidad de ser amado, de ser algo más que todo lo que somos.
El fondo negro realza el tiempo antiguo, los dos anillos se suman al dolor de unos dedos que no sólo han lavado con agua fría sino que se han congelado en esos espacios del tiempo que ya está en cada célula de los que miran y saben, por haber ya visto. Unas manos que se recogen como el corazón que se asila porque se siente abandonado y torpe.

Luego llega la voz y relata verdad y alma, verdad y cielo, vejez enquistada, silencio y recogimiento. Esperanza y necesidad de no olvido.

Es francamente estremecedor este relato, cargado de imágenes que duelen, pero que enseñan, bajo,bajito...
Me sirvo de tu encantador comentario para desempolvar esta prosa.
Besazo gigante, Palmira.
 

...y para rezar hay que elevar el cuerpo, la vida entera entrando en la mirada hacia esa luz tan misteriosa y tan sencilla, hacia esa palabra verdadera, y cuando te desnudas en ella y alzas la promesa, sientes la verdad del aire. Es el color del cielo, es el aroma de la verdad. La columna del alma.
Aquí está el polvo del tiempo y sus arrugas. Está el tiempo en esta mujer marchitada. O dicho debidamente: está sobre la mujer el tiempo sin ganas de continuar siendo tiempo. Sin que resulte demasiado lúgubre iré contando que esta mujer rendida de años, quiere hablar con Dios. Entrelaza los dedos de sus manos sobre el rosario. Se recoge entre los párpados cerrados y bajo una espera. El recogimiento le borra las muecas de los ojos algo espantados, tiene las pestañas ensortijadas y la boca en un gesto parado. El cuarto está callado, también el olor reciente sobre una historia acabada. Se sabe dentro de lo que prácticamente no existe. Sin embargo, no acaba de zanjar su querella con el tiempo. La vejez no le importa. Vieja ha sido desde los veinte años, pero esto de ahora de sentirse como un trasto inservible, estremece su pensamiento. Decididamente está rezando. ¿Escuchará alguien su mensaje? Decididamente cree que existe el más allá. Que existen cielos sin soledad llenos de esperanza. Por su inmovilidad deduzco que reza debajo de las lágrimas. Bajo, bajito...
Preciosa entrega, estimado poeta.
Lo he disfrutado mucho.
Saludo cordial

Alfonso Espinosa
 

...y para rezar hay que elevar el cuerpo, la vida entera entrando en la mirada hacia esa luz tan misteriosa y tan sencilla, hacia esa palabra verdadera, y cuando te desnudas en ella y alzas la promesa, sientes la verdad del aire. Es el color del cielo, es el aroma de la verdad. La columna del alma.
Aquí está el polvo del tiempo y sus arrugas. Está el tiempo en esta mujer marchitada. O dicho debidamente; está sobre la mujer el tiempo sin ganas de continuar siendo tiempo. Sin que resulte demasiado lúgubre iré contando que esta mujer rendida de años, quiere hablar con Dios. Entrelaza los dedos de sus manos sobre el rosario. Se recoge entre los párpados cerrados y bajo una espera. El recogimiento le borra las muecas de los ojos algo espantados, tiene las pestañas ensortijadas y la boca en un gesto parado. El cuarto está callado, también el olor reciente sobre una historia acabada. Se sabe dentro de lo que prácticamente no existe. Sin embargo, no acaba de zanjar su querella con el tiempo. La vejez no le importa. Vieja ha sido desde los veinte años, pero esto de ahora de sentirse como un trasto inservible, estremece su pensamiento. Decididamente está rezando. ¿Escuchará alguien su mensaje? Decididamente cree que existe el más allá. Que existen cielos sin soledad llenos de esperanza. Por su inmovilidad deduzco que reza debajo de las lágrimas. Bajo, bajito...
Magnifica maestría Engel, tienes el don de escritor, de ese que cautiva al lector por su excelente narrativa, por su sensibilidad en el contenido que trata, eres esencia entre la musa y la mística. Me cautivan tus letras.
Felicitaciones, bendiciones a tu musa y talento.
 

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