Tú no eres ridícula nunca, pero sí, siempre, poetisa de los sueños, impostora de poemas a la luna.
Veo que te siguen gustando las pinturas de la Van Hove. Son tan delicadas como tus versos.
Un abrazo grande.
Mi querida Era, ¡cómo me estabas faltando, mi niña! qué alegría tenerte cerca de nuevo. Ese gusto por esa pintora es mutuo, lo compartimos, como tantas otras cosas.
Un abrazo entrañable y grande.
con cariño.
Isabel