Halloran
Poeta asiduo al portal
RIMAS MÍNIMAS
- I -
La vi, mientras caminaba,
recrearse en los colores
que iban gritando las flores
que aquella fuente regaba.
Cuando a su lado pasaba,
gocé más de su belleza.
Ella, al ver mi pobreza,
marchó sin decirme nada.
La seguí con la mirada...
y una incontable tristeza.
- II -
Llevo en mi mano abierta
el recuerdo de tu piel.
No quiero cerrar la palma,
no se me vaya a romper.
En mi mirada he grabado
tu cuerpo entre la maleza.
No puedo cerrar los ojos
y perder tanta belleza.
En mis labios ha quedado
dulce sabor de tu amor.
Comer, hablar... no me atrevo.
¡Perdería el corazón!
- III -
Clara luz de mi mañana,
dulce voz de mis silencios:
no permanezcas callada.
Enciéndeme con tu llama
y redúceme a la nada,
para que me lleve el viento,
lentamente,
mar adentro.
- IV -
Hoy he mirado hacia atrás
al oir su risa:
todo calló de repente,
me dio un vuelco el corazón.
Mas, cuando la vi al pasar,
marchó con prisa...
Volvió a la vida la gente...
Volví a morir al amor.
- V -
De tu cuerpo a la deriva
capeando temporales
en una balsa perdida
en los mares topicales,
soportando la embestida
de monzones, de letales
monstruos marinos cautiva,
sufriendo calamidades,
arriesgando, sí, ¡la vida!
al vencer dificultades,
de tu cuerpo a la deriva
teniendo desgracias tales
va mi pasión.
- VI -
Esa pulsión que me llena
y me lleva hasta el puerto
franco de tu cuerpo abierto
a la unión carnal y plena,
a vivir en goce y pena,
a sentirte ardiente y fría,
a ser la noche y el día
todo junto, en un momento,
esa pulsión, no te miento,
es amor, amada mía.
- I -
La vi, mientras caminaba,
recrearse en los colores
que iban gritando las flores
que aquella fuente regaba.
Cuando a su lado pasaba,
gocé más de su belleza.
Ella, al ver mi pobreza,
marchó sin decirme nada.
La seguí con la mirada...
y una incontable tristeza.
- II -
Llevo en mi mano abierta
el recuerdo de tu piel.
No quiero cerrar la palma,
no se me vaya a romper.
En mi mirada he grabado
tu cuerpo entre la maleza.
No puedo cerrar los ojos
y perder tanta belleza.
En mis labios ha quedado
dulce sabor de tu amor.
Comer, hablar... no me atrevo.
¡Perdería el corazón!
- III -
Clara luz de mi mañana,
dulce voz de mis silencios:
no permanezcas callada.
Enciéndeme con tu llama
y redúceme a la nada,
para que me lleve el viento,
lentamente,
mar adentro.
- IV -
Hoy he mirado hacia atrás
al oir su risa:
todo calló de repente,
me dio un vuelco el corazón.
Mas, cuando la vi al pasar,
marchó con prisa...
Volvió a la vida la gente...
Volví a morir al amor.
- V -
De tu cuerpo a la deriva
capeando temporales
en una balsa perdida
en los mares topicales,
soportando la embestida
de monzones, de letales
monstruos marinos cautiva,
sufriendo calamidades,
arriesgando, sí, ¡la vida!
al vencer dificultades,
de tu cuerpo a la deriva
teniendo desgracias tales
va mi pasión.
- VI -
Esa pulsión que me llena
y me lleva hasta el puerto
franco de tu cuerpo abierto
a la unión carnal y plena,
a vivir en goce y pena,
a sentirte ardiente y fría,
a ser la noche y el día
todo junto, en un momento,
esa pulsión, no te miento,
es amor, amada mía.