Jairo Castillo Romerin
Poeta adicto al portal
RITOS
Caen sobre ti las palabras que asperjo
como un levita la sangre del cordero.
Hay una necesidad de silencio entre ambos,
una derrota exitosa
para conquistar asombros y dichas,
abarcar la otra orilla, el otro oceáno
que a leguas de los dos pervive
violentando las costas.
Esparzo sobre tí estas caricias
que te lavan la memoria por dentro;
cómo deseo que olvides tanta lejanía
tanto citadino desierto
en que no podemos ser
ni encontrarnos,
pero yo te veo y eso basta
para dirimir el vasto sortilegio
que nos adoba los cuerpos
y nos roba la mirada.
Te doy mi hiel
mi oscuro bálsamo secreto.
Nacen en tu piel pronto
los duros escozores
de mi canto inmune.
Caen sobre ti las palabras que asperjo
como un levita la sangre del cordero.
Hay una necesidad de silencio entre ambos,
una derrota exitosa
para conquistar asombros y dichas,
abarcar la otra orilla, el otro oceáno
que a leguas de los dos pervive
violentando las costas.
Esparzo sobre tí estas caricias
que te lavan la memoria por dentro;
cómo deseo que olvides tanta lejanía
tanto citadino desierto
en que no podemos ser
ni encontrarnos,
pero yo te veo y eso basta
para dirimir el vasto sortilegio
que nos adoba los cuerpos
y nos roba la mirada.
Te doy mi hiel
mi oscuro bálsamo secreto.
Nacen en tu piel pronto
los duros escozores
de mi canto inmune.
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