Sebastian Dusalgi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Coloco mis manos en mi cuello y aprieto.
La noche afuera le improta poco mi dolor.
Aquel cuervo loco grazna en el árbol azul
Que contiene mi alma.
La tumba en el jardín suda el olor a muerte,
A la putrefacta vida que se escapa como una chispa
En el riel de la sobredosis.
Poco a poco se escapa el brillo del espejo.
Ríe a carcajadas el duende de mi repisa,
Sabia que terminaría desojando la rosa
Y humedeciendo mis zapatos de susurros rojos.
Un grillo toca en su violín el vals de la muerte.
Tras el mural ya bailan los descarnados.
Este es el asesinato de un asesino
De lunas y espejos que ocultaba sus miserias
En la guarida del conejo hechicero.
Moriré y seré una nota borrada
En este crucigrama ,un maldito juego de naipes.
Descansa en paz y los diez asesino ríen.
Sebastian Dusalgi.
La noche afuera le improta poco mi dolor.
Aquel cuervo loco grazna en el árbol azul
Que contiene mi alma.
La tumba en el jardín suda el olor a muerte,
A la putrefacta vida que se escapa como una chispa
En el riel de la sobredosis.
Poco a poco se escapa el brillo del espejo.
Ríe a carcajadas el duende de mi repisa,
Sabia que terminaría desojando la rosa
Y humedeciendo mis zapatos de susurros rojos.
Un grillo toca en su violín el vals de la muerte.
Tras el mural ya bailan los descarnados.
Este es el asesinato de un asesino
De lunas y espejos que ocultaba sus miserias
En la guarida del conejo hechicero.
Moriré y seré una nota borrada
En este crucigrama ,un maldito juego de naipes.
Descansa en paz y los diez asesino ríen.
Sebastian Dusalgi.