Cecilya
Cecy
Ya le habían cantado el cumpleaños feliz, lo habían aplaudido, habían brindado a su salud y lo habían colmado de buenos augurios.
Casi al final de la reunión, en ese momento en el que quedaban sobras de pastel en los platos y vasos repartidos por varios rincones de la casa, se separó del murmullo de los que permanecerían un rato más, y salió al patio para abstraerse de la música que no había faltado durante toda la noche.
Tenía un mensaje de ella y lo dejó reproducirse con el celular pegado a su oído.
Su voz le pareció más nítida, más cálida y amorosa.
Y aunque no era un saludo de cumpleaños y tampoco era nuevo, volvió a repetir el ritual de recordarla, como cada año, solo, en el patio, después de celebrar sin tenerla, regalándose una mentira; una suave ilusión de proximidad.
Siempre el mismo regalo. Necesidad y nostalgia.
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-150 palabras-
Casi al final de la reunión, en ese momento en el que quedaban sobras de pastel en los platos y vasos repartidos por varios rincones de la casa, se separó del murmullo de los que permanecerían un rato más, y salió al patio para abstraerse de la música que no había faltado durante toda la noche.
Tenía un mensaje de ella y lo dejó reproducirse con el celular pegado a su oído.
Su voz le pareció más nítida, más cálida y amorosa.
Y aunque no era un saludo de cumpleaños y tampoco era nuevo, volvió a repetir el ritual de recordarla, como cada año, solo, en el patio, después de celebrar sin tenerla, regalándose una mentira; una suave ilusión de proximidad.
Siempre el mismo regalo. Necesidad y nostalgia.
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