Susana del Rosal
Poeta que considera el portal su segunda casa
Amigo lector:
Ya que te dispones a leer este cuento, quiero confiarte que Roberto existe. No está ahora conmigo, pero durante algún tiempo jugamos juntos en el gran patio de mi casa y alegró mis tardes solitarias.
Roberto, donde esté, es un sapo muy bello. Su belleza se refleja en la dulzura de su mirada, en lo manso de su canto y en el tenue palpitar de su corazón.
Debes amarlo. Es un ser confiado y puro.
I
Roberto, el sapo, es mi amigo.
Con sus grandes y saltones ojos me mira dulcemente mientras la lluvia le cae tun, tun, tun, en la espalda.
Y es que Roberto es un sapo muy limpio. Le gusta estar todo el tiempo dentro del agua y cuando comienza a llover entona su grueso canto de barítono: croac, croac, croac ¡ah! porque Roberto es un gran amante del arte, de la música.
Oyéndole paso mucho tiempo, hasta que mamá me llama o mi muñeca llora entonces entro a la casa y aún desde allí oigo a Roberto el sapo con su grueso croac, croac, croac.
II
Esta mañana, Roberto estaba escondido bajo una hoja de cayena. Calladito, por señas, me dijo que esperaba que saliera el sol para ir a jugar, porque se había resfriado.
Anoche, según parece, estuvo dándole serenata a la luna bajo un hermoso y mojado cielo. ¡Claro, mi amigo es tan romántico!... ahora el pobre no puede cantar.
Quizás más tarde, cuando salga el sol, vuelva Roberto a saltar y cuando yo esté contemplando su felicidad me salude con su croac, croac, croac aunque la lluvia esté nuevamente cayéndole sobre la espalda tun, tun, tun.
Porque Roberto el sapo, es mi amigo.
III
Roberto se ha instalado definitivamente en el húmedo hueco que está bajo el lavandero.
Cuando mamá lava, como jugando con la blanquísima espuma que parece bailar entre sus manos, mi amigo el sapo canta alegremente su croac, croac, croac, con las pintas de su espalda cubiertas de jabón.
Disfruta su baño diario con deleite, aunque a consecuencia de ello permanezca afónico de por vida.
A Roberto realmente no le importa y a cada instante me repite que el agua le encanta. Luego en la noche, dando pequeños saltitos, traviesamente se esconde en el jardín y entonces, como si robara algo, permite que la luna le ilumine la mirada.
Así, como encendidos los farolitos de sus dulces ojos, esta noche está más contento que nunca, con los rayos dorados que desde el cielo le envía, silenciosos como amorosos besos, la princesa insomne.
IV
Esta tarde, Roberto me ha invitado a pasear. Ha llovido temprano y las flores se han engalanado con las magníficas joyas de agua que forman estrellitas en sus pétalos.
Mi muñeca, arrullada por el alegre cantar del sapo, ha cerrado sus ojos azules entre mis brazos y se ha dormido con pedazos de cayena en sus cabellos rojos.
Quizás por eso, Roberto de repente se ha quedado en silencio mi amigo es tan educado que comprende el cansancio de Delita ahora sus saltos son más cuidadosos y las piedras parecen apartarse en su camino hasta el lavandero.
Cuando mi muñeca despierte, llamaré a mi amigo el sapo para volver a jugar es posible que entonces Roberto me dedique otra canción y su croac, croac, croac, arranque sonrisas a las flores ¡si no ha salido la luna, claro!... sé que sus rayos harán ver pálidos los cabellos rojos de mi muñeca y seremos solamente espectadores desde la sala de mamá.
V
Roberto, cuando hayas crecido yo te enseñaré a leer. Eres tan inteligente que aún siendo sapo comprenderás la sabiduría de las vocales tan lindas que vi en mi libro hoy en la escuela. Las hay de todas clases y al pintarlas con los colores nuevos que me trajo papá, he formado un arco iris muy hermoso en la primera hoja de mi cuaderno.
¿Sabes, Roberto? la maestra me ha contado una historia que sé que te gustaría oír. Dice ella que los sapos son príncipes encantados que están esperando el amor de una niña bonita para volverse gentes de nuevo. ¿Acaso tú eres un príncipe, Roberto?... ¿quizás dejarías que yo te diera un beso?... mamá me dice siempre que soy la niña más linda y aunque en el espejo no me gustan las pecas que tengo en las mejillas y me veo horrible sin un diente delantero, debo creerle porque ella no me mentiría, ¿verdad?
Es posible que como solamente te besan los rayos de la luna, te estés quedando sapo para siempre, por eso me gustaría enseñarte a leer.
VI
Mañana, Roberto, pediré permiso a mamá para llevarte a la escuela y cuando a mi lado leas un libro por fin, el mundo no estará para ti limitado al hueco del lavandero y las tardes de lluvia entrarás a muchos mundos y no necesitarás de mi beso para ser un príncipe feliz. Vivirás otros sueños y tus dulces ojos se verán aún más dulces cuando lances tu croac, croac, croac más allá de las cayenas del patio, más lejos aún de los rayos de la luna y de la lluvia.
VII
Dentro del bolsillo de mi uniforme llevé a Roberto a la escuela. Estuvo toda la mañana atento al pizarrón:
La llu-via es lim-pia la lu-na es lin-da
Daba saltos alegres como si la lección le gustara tanto que no pudiera contenerse. En recreo jugó con todos los niños y se bañó en la pileta de agua del patio. Se secó al sol y estuvo un rato cantando croac, croac, croac después, cansado de tanta actividad, muy complaciente se metió nuevamente en mi bolsillo para volver a casa.
VIII
Mi amigo es ahora amigo de todos los niños de la escuela, se va en mi bolsillo por las mañanas, regresamos cansados por la tarde y él canta a la luna en las noches bajo la lluvia. Cuando hace esto, amanece resfriado y no puede ir a la escuela. Los recreos entonces se vuelven aburridos y las lecciones inmensamente largas largas.
IX
Esta tarde ha llovido y desde mi ventana vi cómo la brisa azotaba las plantas de mamá. No estaba Roberto.
Se secaron las estrellas sobre todas las flores brilló hermosa la luna en el mojado cielo y mi amigo el sapo no se oyó cantar. Pregunté por él a Delita y no me respondió.
¿Dónde has ido, Roberto? ya no tienen objeto las tardes enjoyadas si no oigo tu alegre croac, croac, croac.
Soñé que en un rayito que bajó entre las nubes te me ibas tan alto que no podía alcanzarte. ¿Dónde has ido, Roberto?... ¿dónde has ido?
¿Alguien ha visto un sapito con los ojos de almíbar?... tiene unas pintas pardas tapaditas de luz
le canta serenatas a la luna al tun, tun de la lluvia
y le gusta la escuela como a mí.
¿Nadie ha visto a mi príncipe de manchas en la espalda?
¿Se habrá mudado acaso de jardín?
Por favor, si lo encuentras, no dejes de avisarme porque Roberto, el sapo, es mi amigo.
(Serie: El libro y los niños.
Colección auspiciada por la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
I.S.B.N: 980.07.2967.4
Ilustraciones: Susana del Rosal)
Ya que te dispones a leer este cuento, quiero confiarte que Roberto existe. No está ahora conmigo, pero durante algún tiempo jugamos juntos en el gran patio de mi casa y alegró mis tardes solitarias.
Roberto, donde esté, es un sapo muy bello. Su belleza se refleja en la dulzura de su mirada, en lo manso de su canto y en el tenue palpitar de su corazón.
Debes amarlo. Es un ser confiado y puro.
I
Roberto, el sapo, es mi amigo.
Con sus grandes y saltones ojos me mira dulcemente mientras la lluvia le cae tun, tun, tun, en la espalda.
Y es que Roberto es un sapo muy limpio. Le gusta estar todo el tiempo dentro del agua y cuando comienza a llover entona su grueso canto de barítono: croac, croac, croac ¡ah! porque Roberto es un gran amante del arte, de la música.
Oyéndole paso mucho tiempo, hasta que mamá me llama o mi muñeca llora entonces entro a la casa y aún desde allí oigo a Roberto el sapo con su grueso croac, croac, croac.
II
Esta mañana, Roberto estaba escondido bajo una hoja de cayena. Calladito, por señas, me dijo que esperaba que saliera el sol para ir a jugar, porque se había resfriado.
Anoche, según parece, estuvo dándole serenata a la luna bajo un hermoso y mojado cielo. ¡Claro, mi amigo es tan romántico!... ahora el pobre no puede cantar.
Quizás más tarde, cuando salga el sol, vuelva Roberto a saltar y cuando yo esté contemplando su felicidad me salude con su croac, croac, croac aunque la lluvia esté nuevamente cayéndole sobre la espalda tun, tun, tun.
Porque Roberto el sapo, es mi amigo.
III
Roberto se ha instalado definitivamente en el húmedo hueco que está bajo el lavandero.
Cuando mamá lava, como jugando con la blanquísima espuma que parece bailar entre sus manos, mi amigo el sapo canta alegremente su croac, croac, croac, con las pintas de su espalda cubiertas de jabón.
Disfruta su baño diario con deleite, aunque a consecuencia de ello permanezca afónico de por vida.
A Roberto realmente no le importa y a cada instante me repite que el agua le encanta. Luego en la noche, dando pequeños saltitos, traviesamente se esconde en el jardín y entonces, como si robara algo, permite que la luna le ilumine la mirada.
Así, como encendidos los farolitos de sus dulces ojos, esta noche está más contento que nunca, con los rayos dorados que desde el cielo le envía, silenciosos como amorosos besos, la princesa insomne.
IV
Esta tarde, Roberto me ha invitado a pasear. Ha llovido temprano y las flores se han engalanado con las magníficas joyas de agua que forman estrellitas en sus pétalos.
Mi muñeca, arrullada por el alegre cantar del sapo, ha cerrado sus ojos azules entre mis brazos y se ha dormido con pedazos de cayena en sus cabellos rojos.
Quizás por eso, Roberto de repente se ha quedado en silencio mi amigo es tan educado que comprende el cansancio de Delita ahora sus saltos son más cuidadosos y las piedras parecen apartarse en su camino hasta el lavandero.
Cuando mi muñeca despierte, llamaré a mi amigo el sapo para volver a jugar es posible que entonces Roberto me dedique otra canción y su croac, croac, croac, arranque sonrisas a las flores ¡si no ha salido la luna, claro!... sé que sus rayos harán ver pálidos los cabellos rojos de mi muñeca y seremos solamente espectadores desde la sala de mamá.
V
Roberto, cuando hayas crecido yo te enseñaré a leer. Eres tan inteligente que aún siendo sapo comprenderás la sabiduría de las vocales tan lindas que vi en mi libro hoy en la escuela. Las hay de todas clases y al pintarlas con los colores nuevos que me trajo papá, he formado un arco iris muy hermoso en la primera hoja de mi cuaderno.
¿Sabes, Roberto? la maestra me ha contado una historia que sé que te gustaría oír. Dice ella que los sapos son príncipes encantados que están esperando el amor de una niña bonita para volverse gentes de nuevo. ¿Acaso tú eres un príncipe, Roberto?... ¿quizás dejarías que yo te diera un beso?... mamá me dice siempre que soy la niña más linda y aunque en el espejo no me gustan las pecas que tengo en las mejillas y me veo horrible sin un diente delantero, debo creerle porque ella no me mentiría, ¿verdad?
Es posible que como solamente te besan los rayos de la luna, te estés quedando sapo para siempre, por eso me gustaría enseñarte a leer.
VI
Mañana, Roberto, pediré permiso a mamá para llevarte a la escuela y cuando a mi lado leas un libro por fin, el mundo no estará para ti limitado al hueco del lavandero y las tardes de lluvia entrarás a muchos mundos y no necesitarás de mi beso para ser un príncipe feliz. Vivirás otros sueños y tus dulces ojos se verán aún más dulces cuando lances tu croac, croac, croac más allá de las cayenas del patio, más lejos aún de los rayos de la luna y de la lluvia.
VII
Dentro del bolsillo de mi uniforme llevé a Roberto a la escuela. Estuvo toda la mañana atento al pizarrón:
La llu-via es lim-pia la lu-na es lin-da
Daba saltos alegres como si la lección le gustara tanto que no pudiera contenerse. En recreo jugó con todos los niños y se bañó en la pileta de agua del patio. Se secó al sol y estuvo un rato cantando croac, croac, croac después, cansado de tanta actividad, muy complaciente se metió nuevamente en mi bolsillo para volver a casa.
VIII
Mi amigo es ahora amigo de todos los niños de la escuela, se va en mi bolsillo por las mañanas, regresamos cansados por la tarde y él canta a la luna en las noches bajo la lluvia. Cuando hace esto, amanece resfriado y no puede ir a la escuela. Los recreos entonces se vuelven aburridos y las lecciones inmensamente largas largas.
IX
Esta tarde ha llovido y desde mi ventana vi cómo la brisa azotaba las plantas de mamá. No estaba Roberto.
Se secaron las estrellas sobre todas las flores brilló hermosa la luna en el mojado cielo y mi amigo el sapo no se oyó cantar. Pregunté por él a Delita y no me respondió.
¿Dónde has ido, Roberto? ya no tienen objeto las tardes enjoyadas si no oigo tu alegre croac, croac, croac.
Soñé que en un rayito que bajó entre las nubes te me ibas tan alto que no podía alcanzarte. ¿Dónde has ido, Roberto?... ¿dónde has ido?
Roberto se ha marchado
dando saltitos
a cantarle a la luna
su croar bonito
y el tun, tun de la lluvia
sobre su espalda
le pone reflejitos
verde esmeralda.
¡Cómo grita Roberto
su serenata!,
el disco de la luna
le llega al alma.
Está todo empapado
mi pobre amigo
porque ha dejado en casa
calor y abrigo,
y por no hacerme caso
y venirse pronto
se ha quedado el sapito
por siempre ronco.
¡Ah, sapo enamorado,
porfiado y tonto!
X
¿Nadie ha visto a mi príncipe de manchas en la espalda?
¿Se habrá mudado acaso de jardín?
Por favor, si lo encuentras, no dejes de avisarme porque Roberto, el sapo, es mi amigo.
(Serie: El libro y los niños.
Colección auspiciada por la Sociedad Bolivariana de Venezuela.
I.S.B.N: 980.07.2967.4
Ilustraciones: Susana del Rosal)
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