
Rocas anexas a las entrañas.
Nauseas, ruido, luz de ceguera.
Pan cotidiano de las vomitivas mañas
en una pelea que nadie trajera.
De las batallas que he peleado
ninguna como esta tan inconquistable,
me tiene adolorido y demacrado
con el espíritu en pendón sacrificable.
Desde el inicio era una pelea acusada.
Acostumbrado a vencer, por la buena o mala.
Veo a mi envase padecer, en piel cortada
por sondas, agujas y una cabellera en tala.
Perdóname ángel mío:
esta declinando la balanza.
Entre temblores de veneno y frío,
el día para nada me alcanza.
Cuando no sea capaz de decirlo,
te llegará una misiva
por medio del carpintero o mirlo
de alma compasiva.
Te veré pronto.
©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd[FONT="]∴
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