Estefanía André Feijoó
Poeta recién llegado
Delicada y fiel al cielo se alza, campo a través,
cubriendo la llanura que se extiende ante tus pies.
Pequeña y dócil se exhibe,
siempre invisible para aquellos cegados de alma.
Pero tú no eres capaz de ignorarla,
pues es su imperceptible movimiento el que,
pausadamente, te otorga esta calma.
Resulta imposible no amarla,
mujer de tierra, cuyos suaves pétalos
ignoran su propia fuerza,
capaz de mover la brisa que acaricia
susurrándole a tu ser.
Pureza que atraviesa una verde pradera,
tiñendo de rojo tu mirada,
transformando una realidad,
contagia al cielo de tonos carmesís.
Nunca estará sola, pues siempre habrá otra
caminando junto a ella.
Juntas y divididas por un fugaz reflejo,
que solo percibe tu espíritu, mar y cielo.
Para unos, verde; para nosotros, rojos,
siempre delicados pero firmes tonos;
tejen solided, acarician nuestros pies.
Siempre están ahí, con su reflejo y movimiento
dispuesto a hacernos sentir cada paso que damos
transportándonos mecidos al siguiente,
siempre juntos, como ellas,
convirtiendo nuestras manos,
en pétalos que tiñen de rojo tu ausencia.
Estefanía André Feijoó.
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