rojo y con estrellas

miara

Poeta asiduo al portal
Ventosa era la tarde de mediados de noviembre. Un pequeño guante estaba tirado en el bordillo de la acera de una calle poco transitada. Sucio y mojado (había estado lloviendo hasta hacía poco tiempo), presentaba un aspecto abatido (si se puede aplicar este término a un objeto inanimado). A pesar de su naturaleza, el guante sentía, y lo que estremecía su cuerpo de algodón era una sensación de pérdida, añorando la compañía de su compañero derecho, con el que había compartido todo desde el momento de su creación. Un guante, solitario, izquierdo, tirado y abandonado, ya no tendría ninguna utilidad. Nadie lo recogería, salvo quizá algún trabajador del servicio de limpieza, y acabar integrando la cúspide de un montón de desperdicios en algún vertedero.

Pasó un buen rato y la oscuridad empezó a cubrir los cielos. El guante estaba desesperado, rindiéndose a lo inevitable de su destino. En ese momento, se oyó un ladrido. Un perro negro, de pelo rizado, pasó corriendo hasta llegar a su lado. Ladraba insistentemente, mirando a su frente. En ese momento, se oyó un chillido infantil:

- ¡ Mamá, mamá ! ¡Está ahí! ¡Ya te dije que lo encontraríamos!- agarró a su madre tirándole de la mano, mientras el perro se alejaba hacia un callejón oscuro.

Recogió el guante y lo reunió con su pareja, a pesar de su aspecto sucio y húmedo.

- Tu padre estará preocupado, Marisa. Hemos pasado mucho tiempo buscando ese dichoso guante. Te dije que te compraría otros nuevos, cariño. Que no importaba que el viento te lo hubiese arrancado y se hubiese perdido- le dijo la madre.

- ¡Pero, mamá, me los regaló la abuela. Son los guantes de la suerte!. La abuela me dijo que me traerían lo mejor. Míralos, son de color rojo, con una pulsera de estrellas negras en la parte de abajo, y de entre las negras, una amarilla más grande que brilla como si tuviera luz propia. ¡ Tenía que encontrarlo !.

- Bueno, es verdad que tienen un diseño muy especial, y que mi madre siempre se empeña en decir que cuando los vio en la tienda sintió algo muy extraño, que estaban hechos para ti, Marisa. En fin, la verdad es que creí que volveríamos a casa sin él y que tú tendrías un disgusto. Ha sido una casualidad que vieras a ese perro y te pusieras a seguirle, conduciéndote hasta tu desaparecido guante. A propósito, ¿ dónde se ha metido el perro?.

- No sé, mamá. Se ha ido por allí. Ya no se le oye ladrar. ¿Verdad, que lo lavarás y quedará igual a como estaba antes?- preguntó preocupada, mirando la suciedad con que estaba cubierto.

- Quedará perfecto. Vamos, se hace tarde. Sabes, todo esto me ha recordado algo que tu abuela me contaba cuando era pequeña. Ella me decía que las cosas también tienen sus propios ángeles. Unos más pequeños y difíciles de notar, pero que velan por todos los objetos que nos rodean, para que nos sean útiles y tengan su propia felicidad. ¿Qué te parece?- Y colocando el gorro de su hija sobre su cabeza , pues se le había ladeado, la tomó de la mano y se alejaron satisfechas de que su búsqueda hubiera tenido un final feliz.

En la calle silenciosa, se oyó un tintineo y el sonido de unas alas que se elevaban, mientras la figura de un perro, oscuro y extraño, se difuminaba en una niebla gris recubierta de motas doradas.
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba