Cecilia Leiva Arangua
Poeta adicto al portal
ROLES
Se abrió la puerta del pasado,
para que pudieras comprender
los roles que en esta vida jugaste,
fuiste amiga, amante y madre del mismo hombre.
Al ingresar por esa puerta,
recibiste las señales.
Por qué ese hombre que tanto amabas,
tenía que partir de tu lado,
esa pregunta siempre en ti estaba,
era la respuesta que aún no llegaba,
pero una mañana que no esperabas,
la respuesta desde el cielo, para ti fue revelada.
Él tenía que hacerse hombre,
él tenía que encontrarse,
bajo tus alas, él no podría crecer,
tu fuerza a él lo debilitaba,
más de una vez te lo dijo,
no quiero necesitarte
y tú no lo entendias,
si él era el amor de tu vida.
Hasta que llegó el día,
que a él renunciaste,
para salvarle la vida
y tu alma a cambio entregaste,
él al poco tiempo de tu lado partió.
Pasaron muchos años antes de reencontrarse,
una mañana, a tu puerta llamó,
venía a contarte de su nueva vida
y viste fortalecido,
al niño que un día salió en busca de su destino.
Lo acogiste y un abrazo fraterno le entregaste,
ya no existía el amor de antes,
lo sentiste como un hermano muy querido,
que venía de un largo viaje.
Cuando a solas quedaste,
lágrimas de alegría, por tus mejillas corrían,
viste a tu niño que tanto habías amado,
convertido en un hombre consolidado.
Se abrió la puerta del pasado,
para que pudieras comprender
los roles que en esta vida jugaste,
fuiste amiga, amante y madre del mismo hombre.
Al ingresar por esa puerta,
recibiste las señales.
Por qué ese hombre que tanto amabas,
tenía que partir de tu lado,
esa pregunta siempre en ti estaba,
era la respuesta que aún no llegaba,
pero una mañana que no esperabas,
la respuesta desde el cielo, para ti fue revelada.
Él tenía que hacerse hombre,
él tenía que encontrarse,
bajo tus alas, él no podría crecer,
tu fuerza a él lo debilitaba,
más de una vez te lo dijo,
no quiero necesitarte
y tú no lo entendias,
si él era el amor de tu vida.
Hasta que llegó el día,
que a él renunciaste,
para salvarle la vida
y tu alma a cambio entregaste,
él al poco tiempo de tu lado partió.
Pasaron muchos años antes de reencontrarse,
una mañana, a tu puerta llamó,
venía a contarte de su nueva vida
y viste fortalecido,
al niño que un día salió en busca de su destino.
Lo acogiste y un abrazo fraterno le entregaste,
ya no existía el amor de antes,
lo sentiste como un hermano muy querido,
que venía de un largo viaje.
Cuando a solas quedaste,
lágrimas de alegría, por tus mejillas corrían,
viste a tu niño que tanto habías amado,
convertido en un hombre consolidado.