ROMANCE A LA LUNA DEL VIERNES SANTO
La noche del Viernes Santo
es noche de luna llena*
que muestra en su cara amable
un halo de triste pena.
Miles de estrellas le ofrecen
fugaces las cabelleras
trenzadas como estandartes
alrededor de una estela.
Luce la luna esa noche
un manto de Macarena
con cinco pétalos verdes
de esmeraldas y azucenas.
Cinco son las mariquillas**
-diamantes de las arenas-
que le traspasan el pecho
como a la Virgen morena.
La noche del Viernes Santo
llora la luna lunera
lágrimas de perlas blancas
cuando al Cachorro***lo entierran.
PepeSori
SafeCreative
La noche del Viernes Santo
es noche de luna llena*
que muestra en su cara amable
un halo de triste pena.
Miles de estrellas le ofrecen
fugaces las cabelleras
trenzadas como estandartes
alrededor de una estela.
Luce la luna esa noche
un manto de Macarena
con cinco pétalos verdes
de esmeraldas y azucenas.
Cinco son las mariquillas**
-diamantes de las arenas-
que le traspasan el pecho
como a la Virgen morena.
La noche del Viernes Santo
llora la luna lunera
lágrimas de perlas blancas
cuando al Cachorro***lo entierran.
PepeSori
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*La Semana Santa, una celebración que siempre coincide con la luna llena. Y no se trata de una casualidad. Se remonta a una decisión tomada en el Concilio Ecunémico de Nicea en el año 235 d.C. En aquella reunión se tomaron algunas decisiones transcendentales para el cristianismo y se estableció la fecha de la Pascua.
** La Esperanza Macarena posee cinco curiosas piedras verdes engarzadas en forma de pétalos de azucenas, y rematadas por brillantes, denominadas mariquillas, que le traspasan el pecho. Fueron un regalo del torero sevillano Joselito el Gallo, gran benefactor de la imagen.
***Una noche, el escultor Don Francisco Ruiz Gijón se despertó repentinamente y tuvo un súbito impulso de salir a la calle. Atravesó el puente de barcas y fue hasta la puerta de la capilla de Patrocinio, donde presenció el terrible asesinato de un gitano apodado <<el cachorro>>. Quedó impresionado ante la mirada del moribundo, así que sacando el artista que llevaba dentro y su parte menos humana, retrató la cara del difunto con carboncillo. El escultor plasmó esta agonía del gitano en una talla: el Cristo de la Expiración. Cuenta la leyenda que cuando en el año 1682 salió la nueva imagen de la Hermandad del Patrocinio por primera vez, los vecinos de Triana comenzaron a gritar, «¡Mirad, si es el cachorro!».
El Cachorro* es una de las imágenes de Cristo con mayor devoción popular de la Semana Santa sevillana.
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