Por el fondo de las cimas,
mezclada con nubes bajas,
por la estrecha cremallera
asoma tímida el alba.
La mañana se presenta
con la brisa perfumada
y las gotas del rocío
son pulseras en las ramas.
Besos de oro resbalando
con el viento en la montaña,
los pinos dormidos suben
hacia la cumbre besada.
Con el trinar de las aves,
el agua del río canta
y mi alma sin voz luce
ramilletes de nostalgia.
¡Qué tiempos de aquellos labios
que al corazón embriagaba,
como al poeta sus versos
en las noches estrelladas!
¡Qué silencio tan profundo
es mirar a la distancia
con el viento solitario
y los árboles de estatua!
¡Qué triste es ver sin sus ojos
el beso rosa del alba,
dejando mi ser marchito
y sonámbula mi alma!
Luis
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